SALUD MENTAL

Sobre estigma e infra estigma en salud mental

Favorezcamos el cambio en nuestro lenguaje y conductas para no banalizar la salud mental y quitarle importancia

Nos hace falta citar algunas fallas que cometemos al referirnos a la salud mental.
Nos hace falta citar algunas fallas que cometemos al referirnos a la salud mental. Créditos: Canva
Escrito en OPINIÓN el

Desde mi trinchera personal hace ya mucho tiempo que me he sumado a hacer las mejores labores de psicoeducación para combatir al estigma a la salud mental. Lamentablemente no tenemos una autopista veloz para lograrlo, es lento y es cansado, pero la mejor herramienta es hablar y hablar y hablar, desde el consultorio, los medios digitales o, los que podemos tener un alcance un poco mayor, desde los medios escritos y masivos.

Comentar sobre la frecuencia en que se presentan los desórdenes en la conducta, las emociones y la cognición, cómo detectarlo, la gran afectación que esto representa en calidad de vida e incluso en el funcionamiento global y económico como sociedad, y las diferentes opciones de tratamiento, desde las modificaciones en estilo de vida, las variedades en modalidades de psicoterapias, medicamentos y las últimas alternativas tecnológicas que irrumpen en este campo, como en el resto de los espacios del conocimiento humano.

Da gusto observar que cada vez se aprecia más conciencia al respecto, se activan más canales de atención a la salud mental, se cambian las leyes para facilitar el manejo de los pacientes y hasta se abren más espacios en medios de comunicación para tocar estos puntos, y da satisfacción ver el interés que estos generan.

Ver cómo se han consolidado las organizaciones de la sociedad civil para visibilizar los padecimientos neuropsiquiátricos, como Voz Pro Salud Mental AC, y otras más que se han dedicado a patologías en específico, sobre espectro autista, neurodivergencia, trastorno por déficit de atención y trastorno bipolar, por citar algunos ejemplos.

Hay que normalizar el hablar de síntomas y no de patologías

Pero también nos hace falta citar algunas fallas que cometemos al referirnos a la salud mental y que, en ocasiones, nos llegan a salir sin querer. Hay que normalizar el hablar de síntomas y no de patologías. Por ejemplo, si hoy amanezco apachurrado, nublado y con pensamientos melancólicos, la correcta mención debe de ser que desperté triste, no que desperté deprimido.

En medios masivos se comenten errores similares, como el mencionar que la selección mexicana de futbol tiene un comportamiento bipolar, juega muy bien con los mejores equipos del mundo y juega muy mal con los equipos chicos de Centroamérica.

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Es más, cuando se quieren referir a un personaje público que tiene un comportamiento errático y fuera de la norma, lo ponen con encabezados donde se refieren a su comportamiento “esquizofrénico”.

Estas conductas, que a veces no percibimos al 100%, cooperan a banalizar desórdenes muy relevantes en el sistema nervioso central y que debemos de usar estas adjetivaciones para las enfermedades y no para describir conductas cotidianas, el lenguaje castellano es muy rico para poder usar mejores palabras y más atinadas.

Así mismo, mantenernos en este último entendido, transmite también el mensaje de que las patologías neuropsiquiátricas se pueden modificar solo con buenas intenciones y deseos, y no como lo que son, enfermedades de un órgano, el cerebro, que requieren evaluación, estadiaje y manejo científico.

El mensaje es claro, sigamos luchando por la visualización y la consideración de la salud mental, en el lugar preponderante que ocupan en el mundo, y favorezcamos también el cambio en nuestro lenguaje y conductas para no banalizarla y quitarle importancia.