¿Te has preguntado si tu bebé distingue los sabores de tus alimentos en el vientre? Entonces esto te interesa. Investigadores encontraron que los fetos reaccionan a ciertos sabores poco tiempo después de que sus madres los consumen.

Según el estudio publicado en la revista Psychological Science, se tomaron ecografías en 4D de mujeres 100 mujeres embarazadas para observar cómo respondían los bebés no nacidos al ser expuestos a los sabores de alimentos.

Sorprendentemente, observaron que reaccionaban a sabores de la zanahoria o la col rizada poco después de que mamá los ingiriera.  

Bebés en el vientre reaccionan a los sabores de los alimentos

Según la información del estudio dirigido por el Laboratorio de Investigación Fetal y Neonatal de la Universidad de Durham en Reino Unido, los fetos expuestos a la zanahoria mostraron respuestas de “cara de risa”.

(Foto: freepik) 

Por su parte, los bebés expuestos a la col rizada mostraron más respuestas de “cara de llanto”.

Se observó que la exposición a una pequeña cantidad de sabor a zanahoria o col rizada era suficiente para estimular las reacciones.

¿Qué significan estos resultados? Los autores aseguran que son una guía para entender mejor el desarrollo de los receptores del gusto y el olfato en el ser humano. 

El profesor Benoist Schaal, del Centro Nacional de Investigación Científica-Universidad de Borgoña en Francia y coautor del estudio, subraya que “si observamos las reacciones faciales de los fetos, podemos suponer que una serie de estímulos químicos pasan al entorno del feto a través de la dieta materna”.

Además, los investigadores creen que lo que las mujeres embarazadas comen podría también influir en las preferencias gustativas de los bebés al nacer, así como influir en sus hábitos alimentarios.

¿Cómo experimentan el sabor?

De acuerdo con el portal especializado Infosalus, los seres humanos experimentan el sabor a través de una combinación de sabor y olor.

En el caso de los fetos, se cree que podría ocurrir cuando inhalan y tragan líquido amniótico en el útero. 

(Foto: Pinterest) 

Al respecto, Beyza Ustun, investigadora de postgrado en el Laboratorio de Investigación Fetal y Neonatal del Departamento de Psicología de la Universidad de Duham y autora principal, destaca que otros estudios sugieren que los bebés pueden saborear y oler en el útero.

Pero destaca que estos estudios se basan solo en los resultados posteriores al nacimiento, mientras que el reciente estudio es el primero que observa las reacciones mientras el bebé sigue en el vientre

Exponer a los bebés en el vientre a sabores influiría en sus gustos 

“Creemos que esta exposición repetida a los sabores antes del nacimiento podría ayudar a establecer las preferencias alimentarias después del nacimiento, lo que podría ser importante a la hora de pensar en los mensajes sobre la alimentación saludable”, destaca la investigadora. 

(Foto: Freepik) 

Agrega que con esto, también existiría la posibilidad de evitar el “malestar alimentario” cuando termine la lactancia materna

“Fue realmente sorprendente ver la reacción de los bebés no nacidos a los sabores de la col rizada o la zanahoria durante las exploraciones y compartir esos momentos con sus padres”, reconoce la experta.

Ahora, los expertos iniciaron un estudio de seguimiento con los mismos bebés después del nacimiento para ver si la influencia de los sabores que experimentaron en el útero de mamá afectaron su aceptación de diferentes alimentos.  

“Podría decirse que la exposición repetida a los sabores en el periodo prenatal puede dar lugar a preferencias por los sabores experimentados en el periodo postnatal. En otras palabras, exponer al feto a los sabores que menos le gustan, como la col rizada, podría significar que se acostumbre a esos sabores”, concluye la coautora, la profesora Jackie Blisset de la Universidad de Aston. 

(Con información de Infosalus)

Para aprender más de...5 cosas sorprendentes que le pasan a tu cuerpo durante el embarazo

El sistema inmune cambia:
El sistema inmune de una mujer embarazada se comporta de una manera extraña que los científicos aún no descifran por completo ya que después de la implantación del embrión en el útero, el sistema inmune en vez de atacarlo como a cualquier cuerpo extraño, no lo hace. Se cree que es porque hay células inmunes que protegen al feto de otras células inmunes.
El útero crece y se cierra:
Para proteger al feto, el cuerpo crea un tapón antibacteriano de moco en el cuello del útero que no permite la entrada de gérmenes y se mantiene cerrado hasta que el bebé nace. A medida que el embarazo progresa, dos hormonas, la progesterona y la relaxina, provocan el estiramiento de los músculos para que el útero crezca libremente sin causar daño.
Menor capacidad pulmonar:
El diafragma es empujado a medida que el útero crece, lo que provoca falta de aire en las mujeres. Sin embargo, la progesterona entra de nuevo al rescate y sustituye la función del diafragma para hacer respirar a la mujer y así, tanto ella como su feto obtienen el oxígeno suficiente aunque con menor capacidad pulmonar.
Doble cantidad de sangre:
Además de que los riñones comienzan a producir una hormona llamada eritropoyetina, que aumenta la producción de glóbulos rojos (sangre), también retienen más agua y sales para aumentar el volumen de la sangre al doble. Por su parte, el feto crea su propio suministro de sangre con los nutrientes que obtiene de la madre.
El corazón trabaja horas extra:
Con toda esa nueva cantidad de sangre, el corazón tiene que trabajar más para poder bombearla toda y enviarla al cuerpo de la madre y la placenta del feto. Por ello la frecuencia cardiaca aumenta, lo que provoca que muchas mujeres embarazadas sufran complicaciones en el embarazo y el parto relacionadas con el corazón y la presión arterial.