Una vez que los bebés alcanzan cierta edad, los expertos indican que es necesario iniciar con algo conocido como alimentación complementaria: un proceso que los ayudará a estar más sanos y prevenir problemas. Pero, ¿qué es y cuándo se debe iniciar esta alimentación?

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La alimentación complementaria: ayuda a reducir riesgos

La Asociación Española de Pediatría, explica que la alimentación complementaria consiste en el proceso de ofrecer al bebé (que aún es lactante) e ir agregando a su dieta otros alimentos, ya sean líquidos o sólidos, que no sean leche materna o fórmula.

Esta asociación aclara que la alimentación complementaria no es un sustituto de la leche (materna o fórmula), sino más bien un acompañamiento de la misma, que tiene como intención brindarle a los pequeños los nutrientes necesarios y evitar problemas como desnutrición.

De hecho, incluso mientras se mantiene la alimentación complementaria, la demanda de la leche (principalmente materna) que pueda tener el bebé, debe seguir cumpliéndose.

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¿Cuándo debe comenzarse la alimentación complementaria?

La Organización Mundial de la Salud (OMS) informa que la alimentación complementaria debe iniciarse desde los 6 meses de edad, y puede extenderse hasta los 18 o 24 meses de edad, dependiendo de las necesidades y el crecimiento del niño.

Según explica la pediatra Laura Álvarez, es importante que se comience justo a los seis meses ya que, por un lado, se cubrirán adecuadamente sus necesidades alimenticias, que solo con leche materna o artificial serán insuficientes.

Y por otra parte, a partir de los seis meses se considera que el bebé tendrá el suficiente desarrollo físico y psicológico para poder adaptarse a la alimentación complementaria, y se evitarán los riesgos de situaciones como ahogarse con la comida.

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¿Qué pasa si nos adelantamos o atrasamos?

La doctora agrega que si la alimentación complementaria se retrasa y comienza luego de los 6 meses, podrían presentarse principalmente problemas nutricionales, ya que a partir de esa edad, los aportes de nutrientes encontrados en la leche (principalmente de hierro y zinc) dejan de ser suficientes.

Esta falta de nutrientes puede generar problemas como desnutrición, que a su vez podrían tener otras consecuencias, como problemas en su crecimiento y desarrollo posterior, e incluso condicionar la permanencia de la desnutrición incluso en la infancia.

Pero si bien no es correcto atrasarse, tampoco lo es adelantarse, ya que comenzar a introducir alimentos (como cereales) desde los 4 meses o antes, puede favorecer el desarrollo de problemas como:

  • Obesidad.
  • Infecciones respiratorias.
  • Problemas gastrointestinales (específicamente infecciones).
  • Incrementar las alergias.

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Pero, ¿cómo introducimos nueva comida al bebé?

La doctora Laura Álvarez, informa que lo primero que debemos tener en consideración antes de introducir alimentos extras al bebé, es que debemos esperar a que el niño esté suficientemente desarrollado y preparado, lo que puede verse si:

  • Se puede mantener sentado incluso con poco o sin apoyo.
  • El bebé no empuja la comida con la lengua (pérdida del reflejo de extrusión).
  • Tiene interés en la comida, y también por tomarla.

También agrega que es sumamente necesario tener en cuenta que debemos ser pacientes y no llevar un ritmo veloz, porque es necesario que el niño se sienta cómodo, además de que debemos vigilar los alimentos que se consumen.

Además, la OMS señala que los alimentos complementarios deben ser siempre variados, teniendo una consistencia adecuada para la edad del bebé (es decir, que la pueda comer sin problema), y que sean frecuentes, dependiendo de su demanda. 

(Con información de: Asociación Española de Pediatría, Infosalus, Organización Mundial de la Salud.)