Si una memoria es importante en el sexo es la olfativa, tan así que cualquier película romántica que se respete tiene un momento en el que oler la ropa, las sábanas o alguna pertenencia del amor ausente nos provoca emociones más intensas que ver un beso.

Y es que resulta que cada persona tiene un olor individual, que es tan único como la huella digital, de ahí que los perros entrenados para encontrar personas huelen una prenda y no se equivocan de humano. Este olor personal se debe la combinación del sudor, la genética y las bacterias en la piel, como apunta David Le Breton sociólogo y antropólogo, profesor en la Universidad de Estrasburgo en el libro 'Odorama: Historia Cultural del Olor', de Federico Kukso.

El sexo se huele 

Lo curioso es que al olfato casi no lo tomamos en cuenta, la sociología del olor nos dice que “el olor representa muchas cosas: algo que marca límites, un símbolo de estatus, algo que mantiene distancias, una técnica para dejar una buena impresión, una broma o protesta de un escolar, y una señal de peligro. Los olores avivan recuerdos y despiertan el apetito, tanto el culinario como el sexual. Asimismo, pueden emplearse como herramientas de mercadotecnia, para mejorar el ánimo y ayudar a sanar o a provocar náusea. Pero ante todo, los olores son manifestaciones de lo que uno es, no sólo de manera literal, como signo de identidad, sino de manera metafórica. Los olores definen al individuo y al grupo, al igual que los define la vista, el oído y los otros sentidos; el olfato, como los demás, media en las interacciones sociales”.

(Foto: Pixabay) 

Pero lo más curioso del asunto es que todo esto nos pasa como de noche, sin darnos apenas cuenta, solo reaccionando conscientes al recordar a quien hemos amado y olido cuando percibimos el olor de su fragancia en el ambiente. 

Es quizá por ello, que la industria del perfume ha cobrado tanta importancia, y no cesa de ser un producto de consumo indispensable para el hombre moderno que trata de disimular su olor natural para encajar en los estándares actuales de seducción, esos que nos dicen que ciertos olores (en realidad todos los corporales) son percibidos como desagradables, como es considerado, por ejemplo el sudor.

Y sí, lo cierto es que el olor a pies, a axila, a ingle y demás no nos resultan agradables, hasta que pertenecen al ser amado. Por eso, no es en vano que  usando sustancias odoríferas "no naturales", satisfacemos el deseo de resultar más atractivos. 

(Foto: Pexels) 

Y de aquí que haya un componente erótico en los perfumes en conexión con el olor corporal, lo que confirma lo dicho por del psicólogo sexual Havelock Ellis: “la finalidad del perfume es reforzar el olor natural si es atractivo, y disimularlo si llega a ser desagradable”.

Si no huele a sexo, no hubo sexo 

En esta modernidad, las fragancias "sintéticas" asumen el papel de los olores corporales y los enmascaran, recubren o subrayan, pero ya en la intimidad, los olores corporales naturales, los olores primitivos, en las relaciones íntimas ejercen un atractivo y como dicen por ahí, si no huele a sexo, no hubo sexo.

Por eso, a pesar de haber llegado a la luna, de tener máquinas con inteligencia artificial y teléfonos inteligentes que resuelven cientos de cosas de la vida cotidiana y laboral; los olores corporales naturales y el olfateo como acto primitivo, siguen desempeñando un papel significativo en la comunicación sexual, olernos es la llave maestra para dar un impulso a la actividad sexual así como también poner fin a los contactos eróticos, como lo señala la Dra. Ingelore Ebberfeld en su tesis profesoral ("Habilitationsschrift") para la Universidad de Bremen.