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10 consejos para educar a los hijos (parte I)

MARICARMEN GORBEAJul 03, 2022 
Tiempo de lectura: 8 mins.

De nada servirá poner en práctica todos estos consejos si no hay una base de amor y comprensión. Estos 10 pilares necesitan un buen cimiento

10 consejos para educar a los hijos (Foto: Unsplash)

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Enunciamos las grandes ideas que sirven de guía a los padres en la maravillosa tarea de educar a sus hijos. Pero vale hacer una advertencia: de nada servirá poner en práctica todos estos consejos si no hay una base de amor y comprensión. Estos 10 pilares necesitan un buen cimiento: un hogar donde haya alegría, respeto y comunicación.

Padres que estén disponibles física y mentalmente para sus hijos; padres que al llegar a la casa dejen a un lado su cansancio y preocupaciones, que sepan mirar el interior de sus hijos, que sean capaces de sonreír y disfrutar de estar en familia.

Primer Principio

Si quieres cosechar, siembra a tiempo

Al nacer, nuestros hijos son como una pequeña semilla llena de futuras promesas. Podrán ser como un gran árbol frondoso, de sólidas raíces y sabrosos frutos. Pero también, pueden crecer torcidos, ser muy vulnerables a los azotes del viento y las pestes y en definitiva no dar nunca los frutos que de ellos se esperaban.

Con la exitosa fórmula de cariño y exigencia, los padres debemos educarlos en la gran riqueza de las virtudes humanas desde el primer instante de sus vidas. Esperar a la hora de la razón es llegar, definitivamente, tarde.

Palabras del experto: Hay que saber que el 80% de las ideas pueden asentarse antes de los 10 años; que es preferible un año antes, que un día después, pues eso ya es tarde; y que antes de los 10 años es más fácil hablar con los hijos y ser escuchados, porque después de los doce, el tema se pone más difícil

(Foto: Unsplash)

Segundo Principio

Educa en vista al ser humano que quieres formar

Los padres pueden verse atrapados por la inmediatez del diario vivir, sin haber reflexionado en torno al ser humano que quieren formar.

Fórmula negativa: Hay familias en que se arma gran escándalo porque se rompió un jarrón, pero no cuando se desobedece o grita a la niñera. Hay papás que tienen tiempo para abnegadamente llevar y traer del dentistas y fiestas, pero nunca se han dado el tiempo, o el valor, para conversar sobre la mala influencia de un ambiente.

Hay padres que con esfuerzo y sacrificio mantienen una despensa abundante para que no falte nada (léase también mantener un máximo nivel de panoramas, ropa, auto, etc.) pero que no han pensado en cómo educar a ese hijo para el trabajo y en virtudes aparejadas a él como el esfuerzo, la sobriedad, la solidaridad, el servicio, la generosidad y la empatía. Tienen, aunque suene duro, un pobre proyecto del hijo que se está educando: se pierden en mil detalles y descuidan lo grande.

Fórmula positiva: La forma de enfrentar temas como permisos, castigos, conversaciones, estudios… es muy distinta cuando se tiene claro el proyecto de ser humano que se quiere formar. Se premiará el esfuerzo de un hijo y no la nota; se castigará la falta de respeto con la hermana y el haber llegado media hora tarde del colegio por un imprevisto; se conversará del futuro profesional según lo que éste lo enriquecerá como persona, más que cómo le enriquecerá el bolsillo; se analizará cuánto beneficia a un hijo un panorama, más que permitirlo o no según criterios de cómo no salió ayer o ha subido sus notas.

(Foto: Unsplash)

Tercer Principio

El ejemplo y la unidad de criterio son claves

Educar es educarse. Exigir a los hijos es primero autoexigencia. El buen ejemplo es contagioso, arrastra.

La unidad de criterio entre el padre y la madre es lo que da seguridad a los hijos. En la práctica esto significa que los padres pueden tener distintas opiniones sobre cómo ayudar a un hijo o enfrentar un problema, pero una vez que se han puesto de acuerdo en ese "cómo", ambos actúan unidos. No hay un cónyuge cómplice de un hijo en oposición al otro; el hijo no puede manipular a uno de los padres con la debilidad del otro.

Idea clave: Los padres deben educar con intencionalidad educativa, que se concreta en darse el tiempo para conocer a cada hijo, para conversar marido y mujer a solas y sin prisa sobre cada uno de ellos. De este modo es posible fijarse objetivos a corto plazo, pequeños, concretos- y a largo plazo, que se refieren al bien ser de ese hijo. Sólo así los padres evitarán reducir la acción educativa a la crianza, la nutrición y la información, omitiendo la parte más importante: hacer de ese hijo una persona plena, madura, responsable.

Cuarto Principio

Educa a los hijos individualmente, no en grupo

La ley pareja no corre en la educación de los hijos. Justicia es dar a cada uno lo que le corresponde: en el caso de los hijos hay que dar a cada cual diferentes tiempos, reglas, tratos, según sus necesidades, carácter, sexo, edad, ubicación dentro de la familia, etcétera.

Sólo así se buscará el bien de cada uno, ayudándole en su proceso personalísimo de mejora, de modo que luche por superar sus debilidades y reforzar sus características positivas.

Sea por comodidad, educar a todos como un todo, o por un errado concepto de justicia, trato igualitario, se cae en serias injusticias que en nada apuntan a ese al ser mejor que todo padre desea y busca para sí y para cada uno de sus hijos.

Cuatro consejos:

  1. Conoce profundamente a cada uno de tus hijos. Eso requiere tiempo y reflexión.
  2. Analiza con tu esposo(a) cómo ayudar concretamente a cada hijo. La percepción de ambos padres es diferente, por lo que una reflexión conjunta resguarda de caer en ciertos favoritismos o sobreprotecciones.
  3. Actúa con delicadeza y prudencia para que ese trato no igualitario, pero lo más equitativo posible, no sea fuente de celos.
  4. Explica. Junto al cuidado por no marcar las diferencias, a los hijos mayores de 10 años habrá que dar a veces razones, pues éstos captan rápidamente las diferencias pero no ven el por qué de éstas con la profundidad que lo ven los padres.

(Foto: Unsplash)

Quinto Principio

La conciencia moral es lo que los hace libres

Los padres no están educando integralmente a su hijo si sólo se ocupan de su aspecto cognitivo, emocional, afectivo, sexual… La conciencia moral es la que dirige hacia el bien todas aquellas áreas. Porque con su luz ilumina a la inteligencia y le da a conocer qué es el bien en determinado lugar y momento. Si se quiere educar en la libertad, hacer del hijo un hombre recto, hay que formar su conciencia desde que tiene uso de razón.

Recomendamos: La inteligencia moral del niño, R. Coles. Ed. Kairós, Barcelona. 1997. Este psiquiatra infantil señala la importancia de la dimensión moral en la vida y, por tanto, la necesidad de formar el sentido moral en los niños. El autor explica cómo durante años estudió los problemas de sus pacientes, niños y adolescentes, con los lentes de la psicología, reduciéndolos a la dimensión emocional. Señala que fueron los niños los que le hicieron descubrir que su visión era reductiva e insuficiente y que sólo los entendía cuando se percataba del sentido moral de sus planteamientos y de su conducta. Muchas veces sus problemas procedían de que les faltaba una guía moral.

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