El pollo es una de las carnes más consumidas en el mundo, ya que puede ser muy útil para mantenernos en un peso saludable, debido a su bajo aporte de calorías; sin embargo, con su consumo surge una duda muy popular: ¿es bueno comerse la piel del pollo?

(foto: freepik)

¿Qué contiene la piel del pollo?

La piel del pollo es una parte que tiene un gran aporte de grasas, pues está conformada por 32% de grasa; esto significa que por cada 100 gramos de piel de pollo, 32 gramos serían de grasas, indica la nutricionista María Dolores Fernández Pazos.

Sin embargo, no porque tenga una importante cantidad de grasas, significa que estas sean del todo malas: la nutricionista asegura que las grasas encontradas en la piel del pollo son tanto insaturadas (es decir, las grasas buenas), como saturadas:

  • Dos tercios son de grasas buenas, que ayudan a mejorar los niveles de colesterol.
  • Solo una tercera parte son grasas saturadas, o “malas”, que pueden elevar el colesterol en la sangre.

Estas grasas encontradas en la piel del pollo pueden incrementar el valor calórico al momento de comer pollo; pero eso sí, también podrían contribuir a reducir el apetito, por lo que, de cierto modo, también podrían representar un beneficio.

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Comerse el pollo con piel podría no ser ideal para todos

Según aclaran expertos, comer el pollo con piel en realidad no está prohibido, y tampoco se ha demostrado que repercuta de forma negativa a la salud, pues no representa un factor de riesgo para esta.

El decidir si se come o no esta parte del pollo, agregan, depende mucho de las necesidades y condiciones individuales de cada persona, pues si bien es cierto que en sí misma no es mala, los aportes nutricionales de la piel de pollo pueden no ser buenos para todos. 

Hay que aclarar que, como recomendación general, los expertos indican que su consumo debe ser evitado, principalmente en personas que tengan problemas relacionados con el peso, que padezcan enfermedades (como diabetes o cardiovasculares), o que tengan un estilo de vida sedentario.

Comer la piel del pollo podría aumentar significativamente las calorías y los aportes nutricionales que ya se obtienen al comer la carne de esta ave, explica la nutricionista Pazos, quien agrega que el aporte calórico puede aumentar hasta en un 50% por porción:

  • Si se consumen 196 gramos de pechuga sin piel, equivaldría a una ingesta de 284 calorías.
  • Al consumir 196 de pechuga, pero con piel, las calorías aumentarían a 368, de las cuales la mitad serían por grasas.

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La forma de preparación también influye

La médico nutricionista, Guadalupe Blay, de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia, explica que en realidad, más que preocuparnos por el aporte calórico de la piel del pollo en sí misma, debemos prestar atención en la forma en que se cocina.

La forma de preparación puede influir mucho en la cantidad de calorías y grasas que la piel del pollo puede aportar si la comemos, por lo que lo más recomendable es preparar el pollo asado, y no frito.

Al asar el pollo, la grasa que se concentra en la piel puede desprenderse y quedarse en los jugos, por lo que su cantidad podría reducirse; por otro lado, si lo hacemos frito, estarían agregándose las grasas y calorías del aceite.

Tampoco se recomienda lavarla antes de cocinar, pues estaríamos esparciendo los microorganismos que pueda tener, que incluso pueden ser muchos, ya que la piel del pollo es la parte donde más se concentran bacterias que podrían causar enfermedades, como la salmonelosis.

(Con información de: BBC Mundo, La Vanguardia, Mejor con Salud.)