Harley Quinn es una de las representaciones más populares de un profesional de la salud mental que se vuelve loco. Después de tratar a El Guasón, la psiquiatra Harleen Frances Quinze pierde los estribos y se convierte en la novia criminal del archienemigo de Batman.

Como en el caso de Harley Quinn, la industria del cine y la televisión está repleta de representaciones que caracterizan a la figura del psiquiatra como una persona que hasta cierto punto sufre locura o que es capaz de hacer daño, dice la doctora Ericka Gabriela Saul Orozco, médica psiquiatra por el Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz y la UNAM.

Aunque es entendible que los medios de entretenimiento busquen divertir a las personas, los estereotipos que se presentan en las producciones perjudican la imagen de los profesionales de la salud mental y transmiten un mensaje negativo que las personas toman como verdadero, señala la doctora en entrevista con SuMédico. 

Ello, aunado a otras cuestiones, provoca el actual estigma que hay sobre la salud mental, los profesionales que la atienden y los pacientes. Lo cual retrasa la oportunidad de que las personas que lo necesiten mejoren su salud mental. 

El último informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre la salud mental señaló que las tasas de trastornos comunes como la depresión y la ansiedad aumentaron un 25% durante el primer año de la pandemia, sumándose a los casi 1,000 millones de personas que ya padecen un trastorno mental

(Foto: Especial)

Hay que revisarse las emociones de vez en cuando 

El mismo informe define a la salud mental como un derecho humano por medio del cual una persona es capaz de relacionarse, desenvolverse, afrontar dificultades y prosperar. Abarca desde un estado óptimo de bienestar hasta estados debilitantes de gran sufrimiento y dolor emocional. 

De acuerdo con la OMS, aproximadamente 1 de cada 8 personas en el mundo sufre algún trastorno mental. En México, de acuerdo con un censo del INEGI, hay un millón y medio de personas con un problema de salud mental. La depresión es la principal causa de discapacidad en el mundo. 

Aunque la atención y el reconocimiento a la salud mental ha mejorado, todavía falta mucho por hacer. La doctora Ericka dice que debemos hacer conciencia de que lo mental importa.

Así como uno va a hacerse un chequeo médico rutinario, está bien que ocasionalmente se revise uno las emociones

Pero, aunque una de las pocas cosas positivas que dejó la pandemia fue que se habló de salud mental como nunca, la psiquiatría todavía lucha por quitarse del estigma que relaciona a dicha especialidad con la locura. 

Los psiquiatras son seres con malicia y que adormecen las emociones de las personas: un estigma social 

Los psiquiatras quizás son el personal de salud más incomprendido. La especialista cuenta que hace poco acudió a una fiesta y cuando ella dijo a qué se dedicaba, lo primero que se escuchó fue: “Ay, ojalá que nunca te necesite”. Una frase pronunciada desde el miedo, dice la doctora, quien ya se acostumbró a recibir ese tipo de comentarios. 

La mala reputación de los psiquiatras, explica Orozco, está fundamentada también en parte por la historia de esa rama de la medicina. Los psiquiatras son vistos por la sociedad como personajes oscuros, maliciosos, controladores y represivos, casi como una figura de verdugo. Otro estigma común de los psiquiatras es que son los que se encargan de “empastillar” o dopar a las personas, de adormecer sus emociones y apartarlos del mundo cotidiano. 

En parte, menciona la doctora, esto tiene que ver con una desafortunada época en la que, debido a la inexistencia de tratamientos científicos para los trastornos mentales, hubo errores por parte del ejercicio de la medicina hacia las personas con enfermedades mentales y eso causó que el psiquiatra fuera mal visto. 

(Gif: BrainscandudeBrainMRI3planesCC BY-SA 3.0)

La psiquiatría estudia la mente y el comportamiento desde la biología

Después de estudiar medicina en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), la doctora Ericka decidió estudiar psiquiatría porque durante la atención a pacientes se dio cuenta que además de los síntomas físicos que tenían, también presentaban muchos problemas emocionales, así como muchos síntomas físicos estaban relacionados a situaciones psicológicas. 

La psiquiatría sufre un estigma mucho mayor que la psicología, pues a menudo la gente supone que ir a un psicólogo es para problemas leves o transitorios y acudir con un psiquiatra es para problemas graves o que escapan del control de un psicólogo. Sin embargo, la dos convergen en el mismo punto: la mente de una persona y cómo la persona interactúa con su entorno. 

No obstante, la psiquiatría es una rama de la medicina que estudia los procesos de la mente desde la óptica biológica y se aterriza en el cerebro como un órgano que tiene funciones, circuitos neuronales, sustancias químicas, hormonas y que tiene una interacción con el resto del cuerpo, explica Orozco. 

Es decir, el psiquiatra va a estudiar la mente y el comportamiento desde la biología. Otra diferencia es que, al ser médicos, los psiquiatras tienen la facultad de prescribir medicamentos cuando los síntomas mentales causan malestar con el fin de ayudar a controlar o desaparecer los síntomas. 

(Foto: Wikimedia Commons)

Además de ser psiquiatra, la doctora Orozco cuenta con una maestría en antropología de la salud y diplomados en Tanatología, Logoterapia, Terapia Cognitivo-Conductual, Alta especialidad en medicina general y antropología médica.

Dentro de sus labores más recientes, se ha desempeñado como médica adscrita al servicio de Psiquiatría del Instituto Nacional de Cancerología y responsable del servicio de Tanatología de la UAM; también tiene experiencia docente. 

Fue voluntaria como médico en el programa de medicina rural y urbana en las poblaciones de Than Gaon y Dehradun en India y como paramédica en Morelos. También es Miembro de la Asociación Psiquiátrica Mexicana, Miembro de la Sociedad Médica INCan y Miembro del Colegio Mexicano de Sociología. 

Los hombres hablan menos de salud mental por miedo a verse frágiles

Los trastornos que más afectan a la población mexicana son la depresión, los trastornos de ansiedad y el trastorno por consumo de sustancias adictivas. A diferencia de las enfermedades que causan síntomas físicos y que se tiene información de cómo afecta a cada género, no se puede afirmar lo mismo con los trastornos mentales

Existe un sesgo de información sobre qué género es el más afectado ya que, las mujeres son más flexibles en reconocer cuando hay un malestar, en pedir ayuda y seguir un tratamiento, observa la doctora.

En los hombres hay una mayor resistencia porque a nivel cultural, la enfermedad en el hombre es vista como una vulnerabilidad y hablar de ello es manifestar fragilidad, algo que, desde los prejuicios del género, el hombre no tiene permitido hacer. 

De acuerdo con el censo de población 2020 del INEGI, del millón y medio de mexicanos con una enfermedad mental, el 54% son hombres y el 46% son mujeres. Si bien la depresión puede afectar con más frecuencia a las mujeres, explica la especialista, los hombres tienen una mayor mortalidad por suicidio en el contexto de la depresión porque utilizan armas más letales al momento de intentar quitarse la vida.

(Foto: Especial)

La cultura y la sociedad va moldeando mucho el comportamiento y la expresión de los trastornos mentales, señala la psiquiatra, pero no es exclusivo de uno u otro sexo.

Aunque sí hay un factor de riesgo social que aumenta la probabilidad de padecer un trastorno mental y es la violencia, la cual está presente en los grupos socialmente marginados como son:

  • Grupos étnicos
  • Grupos migrantes
  • Grupos de diversidad sexual
  • Niños
  • Mujeres
  • Adultos mayores
  • Personas en situación de pobreza 

Pero también se puede presentar en trabajadores que en su naturaleza profesional se encuentren expuestos a estrés crónico o frente a situaciones de dolor o sufrimiento de otros como son:

  • Trabajadores sociales
  • Bomberos
  • Rescatistas
  • Policías
  • Médicos

Psiquiatras, de los profesionales de salud con mayor tasa de suicidio

Los psiquiatras ocupan el tercer lugar de profesionales de la salud con mayor tasa de suicidio, después de los oncólogos y los anestesiólogos, según el artículo de 2021 de la revista académica Entramado, sobre el suicidio en los profesionales de la salud. ¿Qué lleva a un profesional de la salud mental a querer terminar su vida?

La doctora Erika indica que precisamente esas tres especialidades médicas están expuestas a una alta demanda por parte del paciente y de las características propias de la enfermedad que tiene el paciente. En el caso de los psiquiatras, la naturaleza de su profesión es estar en estrecho contacto con el sufrimiento humano, lo que añade un estrés adicional al trabajo. 

A ello se suma la frustración de que a nivel institucional y de servicios públicos hay pocos recursos para poder hacer un trabajo efectivo e intervenciones adecuadas y eso genera una fuente de estrés adicional que al final genera una sobrecarga.

Además, si el psiquiatra presenta depresión, puede ocurrir que tenga una menor tolerancia a la frustración y menos capacidad de pedir ayuda, señala Orozco. Asumir el papel de enfermos es difícil no solo para los psiquiatras sino para los doctores en general, indica la especialista.

Esto se debe a que a nivel cultural se ha construido la imagen del médico como un ser sobrehumano e invencible que no tiene permiso para sufrir o mostrar debilidades. También se puede deber a rasgos narcisistas y la alta exigencia que los profesionales de salud tienen sobre sí mismos, además de que mostrarse enfermos ante otros doctores, a nivel simbólico, les puede restar autoridad. 

(Foto: Especial)

¿Por qué nos cuesta tanto trabajo aceptar los problemas de salud mental

Cuando te duele la muela, tienes permiso para ir al dentista y curar la caries que te provoca dolor, es un malestar normalizado. Buscar ayuda para atender síntomas físicos se fomenta y se reconoce, explica la doctora Erika. 

Con la salud mental, continúa, también hay un malestar que provoca un dolor emocional y cognitivo en la persona y una interrupción en su rutina. Sin embargo, existe una tendencia a pensar que el cerebro no se puede enfermar y si se enferma, es culpa de la persona.

A veces el trastorno mental es visto como una debilidad moral, como si la persona se lo hubiera buscado

Pero también se atribuye a una falta de voluntad de la persona, que si es lo suficientemente disciplinado o exigente puede dominar el síntoma y contrarrestarlo. “Es como pedirle al paciente que su diente regenere su caries”, dice Orozco. 

Cuando finalmente se reconoce que existe un malestar emocional, se rechaza la ayuda de los profesionales de la salud mental porque las personas asumen que ya perdieron su autocontrol y la posibilidad de dominarse a sí mismos y se ve a los psiquiatras o psicólogos como una señal de debilidad, indica la doctora. 

“Mi mayor satisfacción es ayudar a que la persona encuentre las ganas de vivir”

A pesar de las representaciones folklóricas y las fiestas que existen sobre la muerte, la doctora Erika decidió estudiar Tanatología porque, al igual que la salud mental, es un tema del que se habla muy poco pues al momento que se vive en carne propia, las personas tienden a escapar del tema, evadirlo y enfrentarlo con mucho dolor.

La Tanatología trata de rescatar esa parte de la naturaleza humana que tiene que ver con aceptar las pérdidas y trabajar sobre ellas para tener una mirada más amable sobre la muerte como una parte natural de la vida, explica.

Durante toda su trayectoria profesional, el mayor aprendizaje que ha adquirido la psiquiatra sobre el comportamiento de los humanos es que tenemos la libertad de elegir qué hacer con nuestra vida.

El humano se va a enfermar y en ese momento tiene la libertad de elegir como quiere asumir lo que está sucediendo y qué puede aprender de ello frente a las cosas que no puede modificar

La mayor satisfacción de la doctora Orozco en su carrera profesional ha sido acompañar a las personas para que recuperen sus sueños, la motivación para vivir, el anhelo por conectarse o reconectarse con la vida y sobre todo encuentre nuevamente el sentido de su vida. 

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