La doctora Patricia Hernández Solís ha visto como el dolor crónico destruye vidas. Decidió estudiar Anestesiología y Algología porque su papá sufría neuralgia del trigémino y ni ella ni otros médicos sabían cómo tratar ese dolor que, según se afirma, es insoportable.

Por fortuna, llegaron al Hospital General donde se aplicaba una terapia del dolor y al ver el efecto favorable que tuvo en su padre decidió que a eso se quería dedicar.

Y a lo largo de su carrera le ha tocado atestiguar historias dramáticas relacionadas con el dolor crónico.

Uno de sus recuerdos al respecto es el de un joven que lo padecía y que por no poder trabajar como una persona sana fue despedido. No soportó la presión, intentó matar a su propia mamá y se suicidó.

La algóloga, que es la titular de la Clínica del Dolor en el Hospital Juárez, tiene presente otro caso:  una niña de 16 años con dolor crónico y problemas de movilidad que tuvo que cuidar a su mamá con cáncer de mama y a su abuelita, pero no soportó la presión y decidió terminar con todo.

“Por la presión, esta chica entró en estado depresivo mayor, intentó suicidarse tragando ácido y no murió. Quedó con lesiones en el tubo digestivo. Ahí yo me pregunto ¿Quién cuida a quién ahora? ¿Quién se va a morir primero de las tres?”, lamenta.

¿Qué es el dolor crónico?

El National Health Service del Reino Unido (NHS) informa que el dolor crónico es aquel que dura más de 12 semanas a pesar de que se esté recibiendo tratamiento o haya medicinas.

Esta dolencia puede seguir o incluso aparecer sin que haya existido un impacto o procedimiento quirúrgico.

No se sabe cuántas personas viven con dolor crónico en México, pero el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) indicó en agosto de 2020 que, según el Estudio Nacional sobre Salud y Envejecimiento, el 41.5% de los adultos mayores de 50 años reportó dolor.

El estudio también reveló que dicho malestar era más común en las mujeres que en los hombres (48.3% vs. 33.6%) y que el porcentaje de dolor se incrementaba en la gente con más edad.

Para aprender más de...Lo que debes saber del dolor crónico

¿A qué se le denomina dolor crónico?

El National Health Service del Reino Unido (NHS) aclara que se le denomina “dolor crónico” al dolor que dura más de 12 semanas a pesar de que se esté recibiendo tratamiento o haya medicación.
El dolor crónico hace que respirar sea un martirio

¿Te imaginas no poder inhalar porque sientes dolor? La Sociedad Americana de Anestesiólogos informa que 1 de cada 10 personas en el planeta desarrolla dolor crónico todos los años y que, en 2014, el padecimiento afectaba aproximadamente a 60 millones de personas, o lo que es lo mismo, al 10% de la población mundial.
En México se vive con dolor, pero no se dice

En México no se sabe con exactitud cuántas personas viven con dolor crónico, pero el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) detalló en agosto de 2020 que, según el Estudio Nacional sobre Salud y Envejecimiento, el 41.5% de los adultos mayores de 50 años reportó dolor.
Un dolor que no te deja vivir

En palabras del Instituto Nacional de Salud Pública, 1 de cada 3 afectados con dolencias graves no es capaz de tener una vida normal, ya que se trata de individuos que se vuelven incapaces de dormir, participar en actividades sociales o incluso hacer ejercicio
No basta con ir al médico

Para atender el dolor crónico se requiere un equipo multidisciplinario (médicos de diferentes especialidades encargados de atender las diferentes afectaciones)
Y no hay suficientes especialistas:

La Revista de la Sociedad Española del Dolor apunta que en México existían solo 38 clínicas del dolor registradas en 2009, además de 6,246 anestesiólogos certificados en toda la nación.
No nada más es una persona afectada

La algóloga del Hospital Juárez, Patricia Hernández, comenta que cerca del 80% de las familias con dolor crónico tienen un estatus muy desorganizado porque hay que cuidar a la persona con la afección y, además, el costo económico es alto.
El costo del tratamiento también incapacita:

Se estima que el costo anual del manejo del dolor se encuentra en el rango de $560 - 635 mil millones de dólares. Esto hace que la inversión supere el costo de afecciones cardíacas, diabetes y cáncer.
¿Cuáles son los síntomas del dolor crónico?
La Cleveland Clinic de Estados Unidos informa que las personas afectadas por el dolor crónico han descrito la sensación de diversas maneras, entre las que se encuentran: sentir que se están quemando, dolor severo, sensación de haber recibido un disparo y dolor punzante, entre otros
El CBD es opción, pero...

El cannabis medicinal también puede ayudar a las personas con este tipo de dolencias, pero no elimina el dolor crónico al 100%
No se busca que la persona ya no sienta dolor:

El tratamiento no tiene como finalidad que la persona no viva sin dolor, sino que pueda ser funcional y llevar una vida "normal"

¿Cuáles son los síntomas del dolor crónico?

De acuerdo con la Cleveland Clinic, las personas afectadas por el dolor crónico describen la sensación de diferentes maneras, como:

  • sensación de que se están quemando
  • dolor muy intenso
  • sentir que recibieron un disparo
  • sentir que los están apretando mucho
  • sentirse rígidos
  • dolor que punza
  • dolor palpitante

“A México le hace falta el humanismo en la medicina, pero también el enfrentarse a la realidad”

La doctora Hernández Solís detalla para SuMédico.com que en ciertas áreas de la medicina mexicana sigue faltando el factor humano, pues se les ve como un número cuando ellos son seres humanos y tienen familia.

“Me ha tocado escuchar casos en donde se ve a la persona como ‘paciente 315’ y son individuos con nombre y apellido. La medicina es la profesión más noble, pero estando adentro los médicos deben estudiar, ser humanos, tocar a los pacientes y escucharlos. Muchas veces escuchándolos mejora su sintomatología”, menciona.

Capacitarse es obligatorio, pero los doctores no deben quedarse en los libros,  en los diplomados y títulos, recalca, pues ellos, como especialistas en la salud, deben poner atención en lo que les dicen las personas.

“Se aprende de los libros, pero también de los pacientes. Siempre hay personas que te enseñan cosas: a veces lo que es verdadero hoy, mañana ya no lo es”, indica.

Enfrentarse a la realidad es fundamental y sus inicios son una prueba de ello. Hizo su servicio social cerca de Querétaro y se enfrentó a un escenario que no le habían planteado en las aulas.

 “No teníamos nada en el Centro de Salud, nada más lo necesario. Nos dijeron en la escuela que ya no había desnutrición y eso fue lo primero que encontré: una desnutrición en la mayoría de la población pediátrica. El Gobierno nos decía que no contaba con medicamentos y es una verdadera prueba para uno como médico general”, recuerda.

En otras ocasiones, sí existían medicamentos, pero en la escuela no les habían enseñado a prescribirlos.

“Las cajitas decían que la dosis era la señalada por el médico y nosotros no sabíamos. Tenias que leer de nuevo lo que viste en 6 años de carrera para que tu comunidad tenga lo suficiente de ti como médico general”, explica.

Después de esa experiencia, hizo su especialidad en anestesiología dentro del Hospital Centro Médico La Raza y se tuvo que enfrentar a lo mismo, pero con pacientes más críticos.

“Me tocaron eventos quirúrgicos donde yo no conocía el síndrome que tenia el paciente y tenia que volver a leer los síndromes no comunes para entender que estaba pasando. Lo de los insumos me lo volví a encontrar en esta etapa”, evoca.

“Mi padre tuvo una neuralgia del trigémino y decidí estudiar algología”

La experiencia médica de la doctora Patricia Hernández no se quedó en lo académico y lo práctico. Ella recuerda que su papá tuvo neuralgia del trigémino y ella, aunque era médico, no sabía cómo tratarla y batalló durante dos años con la condición de su padre.

“Lo vi incapaz de bañarse, de rasurarse, de comer. Tuve la necesidad de buscar ayuda pero no encontré nada hasta que llegamos al Hospital General de México donde tenían un área llamada terapia del dolor. Ahí pude ver una apertura total sobre este tipo de enfermedades de las que yo no tenía noción alguna”, señala.

Cuando vio que el doctor atendió a su padre y se notó la respuesta inmediata en el control del dolor, supo que ese era el mundo al que se quería dedicar.

“Me llamó la atención el ver cómo podía atender mejor a esta población. No quise quedarme en el proceso de darles anestesia o un seguimiento anestésico para un evento en específico sino ir más allá por lo vivido con mi padre”, declara.

Después de su paso por La Raza, acudió al Hospital General para cursar Clínica del Dolor y Cuidados paliativos.

“Llevo trabajando 24 años en esto de clínica del dolor y 26 en anestesia. He conjuntado ambas y me han dado muchas satisfacciones en mi vida personal. Entré al Hospital Juárez y creyeron totalmente en mí”, subraya la jefa del servicio de Clínica del Dolor de dicha institución.

Uno de los casos felices que recuerda es el de un niño diestro al que le amputaron su brazo hábil y tuvo síndrome del miembro fantasma. Con él tuvieron que trabajar el dolor, pero también la parte mental para quitar el sentimiento de que todavía tenía el brazo ahí.

“Trabajamos mucho con él y hoy se acerca a saludarnos con mucha felicidad cuando viene a sus revisiones. Le falta un brazo, pero aprendió a usar el otro y ahora utiliza la izquierda para escribir y tocar la guitarra con su papá. Verlos cantando juntos es algo hermoso que se te queda”, indica.