Por lo menos en los estudios en ratones, se ha comprobado que la salud de nuestro colon y la estabilidad de los organismos vivos que conviven ahí están relacionadas con la disposición que nuestro organismo muestra para hacer ejercicio, dejar el sedentarismo y activarnos físicamente.

En un estudio publicado en la revista Nature y reportado por WebMd, un grupo de científicos de la Universidad de Pennsylvania decidieron analizar por qué algunos ratones de laboratorio amaban hacer ejercicio en su rueda, mientras que otros olímpicamente la ignoraban y permanecían plácidamente descansando

De acuerdo con el reporte, en un primer momento, los investigadores usaron un algoritmo para observar algunos indicios que pudieran explicar las diferencias en el nivel de actividad física de los ratones.

Lo que encontraron fue sorpresivo toda vez que no había alguna condición genética que lo explicara pero las diferencias entre las bacterias en el intestino grueso eran más evidentes y a eso le pusieron màs atención.

De hecho, ya se habían realizado varios estudios que lo sustentarían en el sentido de que fomentar una mejor microbiota está relacionada con un óptimo funcionamiento de los músculos.

Entonces los científicos llenaron de antibióticos de amplio espectro a los ratones, y con ello se eliminaron todas las bacterias, buenas y malas, que existían en el colon de los ratones.

Y en ese momento los ratones bajaron a la mitad la distancia que podían correr. Una vez que su organismo se deshizo de los antibióticos recuperaron su capacidad física y volvieron a las anteriores distancias.

Estos descubrimientos sugieren que la microbiota presente en nuestro colon puede ayudar a regular el deseo de hacer ejercicio.

¿Qué es la microbiota?

El portal +Salud, de la Facultad de Medicina de la UNAM, señala que todos los humanos estamos hechos de “carne y hueso”, como siempre nos lo han dicho. Entre esos componentes, existen células y microorganismos que no son visibles a simple vista, pero que nos ayudan a llevar a cabo procesos internos.

Y cita que entre estos mini seres que nos habitan, se encuentran los microbios. “Sí, esos “bichitos” de los cuales te protegía tu mamá cuando eras más pequeño.

Sin embargo, actualmente se ha descubierto que no son tan malvados como se pensaba”, pues ayudan a realizar procesos en el cuerpo que son necesarios y tienen beneficios para nuestros organismos.

A esos organismos en su conjunto se les llama microbioma y son de mucha importancia para el organismo por lo que debe existir un equilibrio entre las bacterias que nos benefician y las que nos hacen daño.

Y nos habitan en grandes cantidades ya que se estima que habría 1,000,000,000,000,000, es decir, mil billones de bacterias o bien el equivalente a un número 150 veces mayor los genes microbianos que los humanos.

No todos son perjudiciales para el ser humano

De acuerdo con +Salud, existen lugares específicos, tanto internos como externos, donde se ubican estos organismos:

  • La boca
  • Los ojos
  • La piel
  • Los pulmones
  • El intestino y
  • Los genitales.

“No es gratuito que las mamás o abuelas nos hayan dicho alguna vez que tomáramos yogurt después de ingerir antibióticos. Ellas cuidaban nuestros “bichitos” sin saberlo, ya que los antibióticos, al mismo tiempo que eliminan bacterias malignas, afectan a las bacterias benéficas”


Por eso, ingerir probióticos, como este lácteo, funciona para recuperar la flora intestinal.

La Facultad de Medicina indica que, sin estar totalmente comprobado, la alergia al gluten puede ser una secuela de esta masiva extinción de microorganismos.

Hay microbios encargados de digerir el gluten; sin embargo, si se asesinan, se desarrolla un desbalance. Por lo tanto, el cuerpo pierde el equilibrio que había evolucionado junto con él desde el nacimiento.

Otros factores de desequilibrio han sido la cesárea y la mala alimentación a base de leche materna.

El primero porque el recién nacido no obtiene los microbiomas que debería al salir en parto natural, sino que los consigue de los nichos externos, cosa no tan buena para el buen crecimiento.

En el  segundo caso, la lactancia podría afectar al bebé, pues si no es una leche materna saludable, no puede alimentarlo con las más de 700 especies de microbios que habitan en ella.