Bien le dijo el doctor: “después de una fractura ya nada es igual”.

Fabiola lo ha experimentado en carne propia. 

Un día bajó de su coche para pedir instrucciones para llegar a una dirección y no vio que en el frente de su coche había un hundimiento del pavimento. No hubo modo de evitar la caída por más malabarismos que hizo, y allá fue a dar. Cayó sobre su codo derecho.

“Después de una fractura las cosas ya no son iguales”

En entrevista con SuMédico relata que no sintió dolor. Sí oyó que algo crujió y sintió un impacto que le recorrió todo el cuerpo hasta casi hacerla desmayar.

(Foto: Especial)

Unos buenos ciudadanos se acercaron; su hermana le daba palmaditas en las mejillas para que no perdiera el sentido y un joven que trabajaba en un lugar donde hacen marcos para cuadros llevó un pedazo de madera para entablillar el brazo

Entre todos le ayudaron a levantarse pues ella no podía hacerlo por sí misma y cuando llegó su otra hermana fueron las tres al hospital. Hay que decir que Fabiola y su hermana mayor buscaban la dirección de una neumóloga porque tenían mucha tos las dos. 

Había que operar

Al llegar al hospital, le hicieron una radiografía y determinaron que había fractura. Le  dijeron que para que quedara bien era mejor operar pero por la tos que llevaban ella y su hermana era probable que tuvieran influenza y así no podía entrar a cirugía. 

El problema fue mayor que una fractura de codo. Sufrió una fractura múltiple de las cabezas de los huesos radio y cúbito. Eso lo descubrieron luego de hacer una resonancia magnética cuando ya habían descartado la influenza. 

La forma de abordar la fractura múltiple del codo fue poniendo una placa, 8 clavos y una prótesis pues una de las cabezas no se pudo reconstruir. 

Eso ocurrió en enero de 2014. Tuvo necesidad de ser sometida a una cirugía que salió fenomenal pues además le quedó una cicatriz que apenas se le ve. Una delgadita raya de 10 centímetros.

Según relata a SuMédico, después de la cirugía el médico ortopedista ordenó que pasara por rehabilitación. Primero fueron 20 sesiones, después otras 20 y el doctor decidió que fueran en total 60 sesiones. Si en ese entonces Fabiola no hubiera contado con el seguro de gastos médicos mayores que le brindaba su empleador no habría podido pagar todo eso. 

(Foto: Especial)

Gran resultado de la cirugía y la rehabilitación

El resultado: un brazo derecho que casi extendía como el izquierdo, apenas una puntita sobresalía de su codo derecho cuando lo estiraba, y una fuerza todavía débil pero que se acrecentaría con el tiempo.

Ella había escuchado dos historias de terror de casos semejantes de fractura de codo. En los dos casos el brazo había quedado doblado, como con un ángulo de 45 grados, y sin fuerza.

La verdad es que el tratamiento que recibió del doctor Cesáreo Trueba fue excelente. 

La articulación del codo se compone del hueso, cartílago, ligamentos y líquidos. Los músculos y los tendones ayudan a que el codo se mueva en su articulación. Cuando alguna de estas estructuras se lastima o se enferma, surgen los problemas en el codo.

De acuerdo con Medline Plus, que es la página de la Biblioteca de Medicina de Estados Unidos, hay muchas cosas que pueden ocasionar dolor en el codo. Una causa común es la tendinitis, una inflamación o lesión de los tendones que unen los músculos al hueso. La tendinitis del codo es una lesión deportiva, con frecuencia por jugar tenis o golf. También puede ocurrir una tendinitis por usar excesivamente el codo.

Otras causas de dolor en el codo incluyen distensiones, torceduras, fracturas, dislocaciones, bursitis y artritis. El tratamiento dependerá de la causa.

Y llegó el dolor

Pues ninguna de todas esas cosas han encontrado como causa de un dolor difuso, insoportable, que dejó al brazo sin funcionar año y medio después. A Fabiola le dolía el brazo, el antebrazo en diferentes partes, la muñeca (sobre todo) y era cuando hacia algún esfuerzo, intentaba cargar algo o hasta cuando se movía. 

El ortopedista ordenó radiografía y todo se veía bien. Fabiola acudió con la doctora en Medicina de Rehabilitación que la había atendido y tras hacer un ultrasonido especial que se realiza cuando hay metales al interior del cuerpo, llegaron a la conclusión de la herida no había cicatrizado bien por dentro, que se había desarrollado fibrosis (la cual era notable desde fuera) y eso estaba tocando al nervio cubital y por tanto, provocaba dolor. 

Es decir, se trataba de un dolor neuropático que de acuerdo con los Manuales MSD, es el resultado del daño o la disfunción del sistema nervioso periférico o central.

El diagnóstico surge del dolor desproporcionado que presenta el paciente y se puede manifestar como ardor, hormigueo o dolor muy fuerte. El dolor neuropático puede presentarse también entre personas diabéticas por el daño que provoca la glucosa en los nervios. 

(Foto: Especial)

MSD señala que el tratamiento suele realizarse con fármacos adyuvantes en lugar de analgésicos (como antidepresivos, antiepilépticos, baclofeno, fármacos tópicos) o con tratamientos no farmacológicos como fisioterapia, o neuromodulación.

Así fue como fue tratada Fabiola: con antidepresivos  o anticonvulsivos. Por fortuna, aunque es un tratamiento que tarda en mostrar efecto, fue el adecuado y a Fabiola se le quitó el dolor.

Por sí sola decidió suspenderlo año y medio después de empezar a tomarlo,  porque además de ser caro en ese momento no había genérico. “A ver qué pasa” y pues resultó que no pasó nada. Fabiola estaba bien y así estuvo durante más de 4 años.

Ese dolor neuropático que inhabilita volvió casi 5 años después y ni la gabapentina ni la pregabalina han logrado hacerlo desaparecer. Cuando el médico le preguntó que del 1 al 10 en qué nivel estaba su dolor ella contestó que en 12. Era algo tan fuerte que hacía que sintiera un malestar generalizado. 

Los medicamentos no han sido tan exitosos en esta última ocasión. Sí han logrado bajar la intensidad del dolor pero éste no desaparece. 

En esta ocasión además de pregabalina le instruyeron tomar tramadol, que es un opiode de baja dosis. 

El dolor no desaparece y como dijera aquel ortopedista, “es que después de una fractura las cosas ya no son igual”.

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