Artemisa comenzó a utilizar antidepresivos y luego anticonvulsivos como último recurso cuando ningún otro medicamento le hizo efecto para aliviar el dolor crónico que tenía como consecuencia de una fractura múltiple del codo.

Todo había transcurrido de maravilla después de la cirugía a la que fue sometida y de la que resultó con una placa, 8 clavos y una prótesis. Y tras 60 sesiones de rehabilitación, ella comenzó a hacer una vida prácticamente normal.

Sí con un poco de menos fuerza en el brazo derecho, pero con una extremidad funcional.

Año y medio después las cosas se empezaron a complicar. Tenía unos dolores intensos primero y luego intensísimos. Cuando finalmente llegaron a la conclusión de que una fibrosis interna estaba alterando a un nervio fue cuando la doctora en Medicina Física y Rehabilitación, Alma Rosa Méndez, decidió prescribir Cymbalta.

Este medicamento es un antidepresivo que para estos fines no hace efecto de una manera inmediata. Hay que esperar por lo menos 15 y hasta 30 días para comenzar a sentir alivio. Y así fue.

El dolor en la cartera fue el que apareció en ese momento pues la medicina era muy cara y no había genéricos; entonces fue sustituido por Lyrica, un anticonvulsivo.

La primera vez, sin aumento de peso

En esa ocasión ninguno de los dos medicamentos tuvo un efecto secundario y Artemisa fue muy feliz pues incluso pudo volver a nadar, que es una actividad que le proporcionaba mucha alegría y tranquilidad. Tomó el medicamento durante año y medio y luego lo suspendió y siguió muy bien.

Cinco años después volvieron los síntomas. Dolor en diversas partes del brazo, ahora sí también en el codo y sobre todo en la muñeca. Y a pesar de diversos antiinflamatorios y relajantes musculares hubo que llegar al mismo camino, el antidepresivo.

“El problema es que en esta ocasión no ha sido tan efectivo, sí me ha reducido el dolor pero éste no ha desaparecido del todo y lo que sí ha pasado es que he subido 8 kilos. Y contando”.

De acuerdo con Salud y Fármacos, que es una organización internacional sin ánimo de lucro para fomentar el acceso y el uso adecuado de medicamentos entre la población hispano-parlante, este tipo de medicinas aumentan la grasa corporal al estimular el apetito, ralentizar el metabolismo del cuerpo o afectar cómo se absorbe y almacena la glucosa.

Esto provoca que la grasa se ubique en ciertas partes del cuerpo. Otros medicamentos causan retención de agua, lo cual incrementa el peso, pero no necesariamente la grasa. Los medicamentos también pueden causar dificultad para respirar y fatiga, lo que dificulta el ejercicio.

No todas las personas engordan

Por su parte, el doctor Daniel K. Hall-Flavin, de la Clínica Mayo, señala que el aumento de peso es un posible efecto secundario de la mayoría de los antidepresivos pero no ocurre en todas las personas porque cada responde a los antidepresivos de manera diferente.

Algunas personas aumentan de peso cuando toman un antidepresivo determinado, mientras que otras no lo hacen.

La misma Clínica Mayo indica que algunos antidepresivos parecen ser más propensos a provocar un aumento de peso que otros. Estos incluyen los siguientes:

  • Ciertos antidepresivos tricíclicos, como la amitriptilina, la imipramina (Tofranil) y la doxepina
  • Ciertos inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAO), como la fenelzina (Nardil)
  • La paroxetina (Paxil, Pexeva), un inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina
  • La mirtazapina (Remeron), que es un antidepresivo atípico (medicamento que no se ajusta perfectamente a otra categoría de antidepresivos).

El doctor Hall-Flavin apunta que a pesar de que algunas personas aumentan de peso después de comenzar a tomar un antidepresivo, el antidepresivo no siempre es una causa directa. Muchos factores pueden contribuir al aumento de peso durante el tratamiento con antidepresivos. Por ejemplo:

El comer en exceso o la inactividad como resultado de la depresión pueden provocar aumento de peso.

Algunas personas adelgazan como consecuencia de la depresión. En cambio, es posible que una mejora en el apetito asociada con una mejora en el estado de ánimo tenga como consecuencia un aumento de peso.

Generalmente, los adultos tienden a aumentar de peso a medida que envejecen, independientemente de los medicamentos que tomen.

Antidepresivos y anticonvulsivos pueden alterar niveles hormonales

La clínica experta en obesidad Obymed indica que este tipo de medicamentos pueden influir en los niveles hormonales, niveles de neurotransmisores y, en última instancia, pueden ralentizar nuestro metabolismo. Esto explicaría por qué muchas personas comiendo lo mismo que comían antes aumentan de peso tras empezar a tomar antidepresivos.

Mayo Clinic apunta que todo el mundo responde de manera diferente a este tipo de medicamentos y que, en promedio, una persona puede llegar a ganar hasta 5 kilos como consecuencia de tomar antidepresivos.

Otro de los puntos importantes de tomar este tipo de medicamentos es que aumenta el apetito.

Artemisa, quien durante su juventud siempre tuvo mucho cuidado con lo que comía, en la actual etapa de su vida está en el plan de comer todo lo que se le antoja, y lo hace “como si el mundo se fuera a acabar”.

Es por ello que, si aumentas de peso después de comenzar a tomar un antidepresivo, analiza con tu médico lo está pasando.

Si los beneficios superan al efecto secundario del aumento de peso, considera controlar tu peso comiendo más saludable y realizando una mayor cantidad de actividad física mientras disfrutas de una mejora en el estado de ánimo o condiciones físicas gracias al medicamento.