Seguramente te has cuestionado infinidad de veces el por qué una niña o un niño contesta autoritariamente a los adultos que lo rodean y esto se debe a que ha desarrollado el síndrome del niño emperador.

Este padecimiento también es denominado por pediatras y psicólogos especialistas como el síndrome del niño rey o el síndrome del niño tirano, el cual es cada vez más común de lo que se cree.

Un infante diagnosticado con el síndrome del niño emperador se debe de mantener en constante observación.

Esto es debido a que este padecimiento hace referencia a la situación en la cual, la niña o el niño, va desarrollando el poder y la autoridad sobre sus padres, llegando en los casos más complejos a ejercer maltrato hacia ellos.

Si bien es cierto que, la necesidad de las niñas y los niños en donde buscan reafirmar su personalidad y sus sentimientos se incrementa en la etapa de la infancia.

Debemos precisar que, ha quedado atrás en donde los infantes se adaptaban a las costumbres y exigencias impuestas, por lo que deben de ser guiados en su formación adecuadamente.

Pero, ¿Qué es y cómo se identifica el síndrome del niño emperador?

Entre las diversas definiciones del síndrome del niño emperador, niño rey o niño tirano, se mencionan como una característica de este, las presencia reiterada de situaciones donde los niños abusan y provocan miedo a sus padres.

La intención de intimidarlos y dañarlos es clara en el menor. Exhibiendo una gran falta de tolerancia a la frustración y manifestando un completo autoritarismo a la hora de decidir cuándo y cómo quieren hacer las cosas.

Alterando profundamente una etapa donde la niña o el niño debiera ser feliz y motivo de felicidad también para sus padres.

En los casos más extremos pueden presentarse ataques físicos como:

  • Morder.
  • Golpear.
  • Empujar.
  • Lanzar y romper objetos.
  • Amenazas verbales y no verbales.

Lo que convierte estos episodios en una situación muy delicada y compleja de violencia filió parental.

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¿Cuáles son las causas del síndrome del niño emperador?

Actualmente la tendencia absoluta hacia el exitismo, el cuál es el afán desmedido de éxito o valoración excesiva de su obtención facilitan escenarios para que las niñas y los niños desarrollen este tipo de síndrome que si no es tratado les puede perjudicar su vida adulta.

La principal problemática involucrada en la aparición del síndrome del niño emperador es la falta de conciencia en el individuo.

Por lo que existen múltiples factores como los aspectos genéticos, ambientales y características en la relación de padres e hijo que actúan como causales para que el síndrome del emperador se presente en los pequeños del hogar.

Respecto al punto genético, se ha observado que los niños con este síndrome, presentan una estructura cerebral que altera y entorpece los vínculos afectivos y el proceso de desarrollo de la conciencia.

Generalmente, son menores que, desde su estructura genética, tienen dificultades para experimentar emociones como:

  • La empatía.
  • La compasión.
  • El respeto.
  • La responsabilidad.

Lo que facilita la ausencia del sentimiento de culpa, desarrollando una relación totalmente utilitaria con sus padres. Utilizándolos como herramientas que los ayudan a saciar sus impulsos y conseguir sus objetivos, sin tener ninguna consideración de las consecuencias que estas conductas pudieran tener en su entorno.

Estos niños tienen una tendencia a presentar problemas en el aprendizaje, promoviendo en los padres una constante y especial preocupación por su educación lo que, muchas veces, termina siendo una excusa para que aparezcan más conflictos.

Desde el contexto familiar, en muchos casos, los padres de estas niñas o niños maltratadores tienen dificultades tanto en aspectos prácticos, como educativos.

La ausencia de tiempo de calidad y no de cantidad para dedicar a la crianza, es un factor muy presente en la mayoría de estos casos lo que dificulta todos los procesos de formación, interfiriendo también en el desarrollo de vínculos afectivos.

Al mismo tiempo, se advierte en los padres una ausencia de herramientas y habilidades con las que puedan establecer una relación vertical de respeto y autoridad con sus hijas o hijos desde donde puedan emprender de buena forma, la labor educativa hacia ellos.

Pediatras, psiquiatras y psicólogos especialistas aseguran que en la mayoría de madres y padres modernos existe un vacío de valores y normas morales, por lo que, al infante, se le permite todo tipo de actitudes.

Debido a la inexistencia de estos acuerdos de educación y negociación correcta con sus hijas e hijos, impidiendo por un lado la posibilidad de imponer castigos proporcionales y, al mismo tiempo, que el niño asuma la responsabilidad de sus actos.

Por ejemplo, las niñas y los niños con el síndrome del niño emperador suelen tener rabietas en lugares públicos, utilizándolas como una forma de manipulación y control. Logrando imponer siempre su voluntad y doblegando así, la autoridad de sus padres hacia ellos.

Este escenario refuerza en los menores la creencia de tener la capacidad y autoridad para realizar cualquier cosa que le parezca. Estas conductas se extrapolan en todos los aspectos de la vida del menor:

En el ámbito escolar, los profesores, no logran desarrollar ninguna autoridad sobre ellos.

Socialmente, desarrollan una relación egocéntrica y egoísta con su entorno.

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¿Cuáles son los síntomas que presenta una niña o un niño con el síndrome del emperador?

Las señales de alerta a las que los padres deben estar atentos para detectar la presencia de este síndrome y los síntomas que significan el padecimiento en un menor son:

  • Las rabietas en espacios públicos o frente a la familia exagerando y buscando llamar la atención.
  • La constante intención de sobreponer su voluntad frente a las decisiones de los padres.
  • La irritabilidad frente a situaciones que no controla.
  • La insistente búsqueda de conseguir siempre lo que quiere, buscando aliados familiares, adultos o amigos para conseguir su objetivo.

¿Cómo prevenir el síndrome del niño emperador?

Todo se puede prevenir, si se diagnostica y se trabajan a tiempo las conductas de tus hijos. Para esto, es necesaria la actuación responsable de ambos padres desde un principio, ejerciendo una preocupación cercana y atenta por las necesidades emocionales y de desarrollo.

Psiquiatras, psicólogos y pediatras argumentan que tanto mamá como papá debe de poner énfasis en la educación y los factores formativos del crecimiento de los niños, estableciendo valores morales con referencias claras en el comportamiento cotidiano, ejemplificándoselo a los hijos a través del propio actuar.

Recuerda, las niñas y los niños aprenden los diferentes valores humanos y conductas viendo a sus padres, por lo que imitan todo lo que ellos realicen.

Es importante que los padres sean modelos de comportamiento, predicando con el ejemplo, fortaleciendo así un enfoque positivo y constructivo de la vida y al mismo tiempo el entendimiento del bien y el mal, promoviendo a sus hijos una vocación de actuar en consecuencia con estos valores y parámetros.

A los infantes se les entrega seguridad emocional a través de:

  • Valorarlos por lo que son.
  • Destacando sus logros.
  • Apoyándolos en sus dificultades.
  • Reforzando el optimismo y el compromiso con sus propios intereses.
  • Desarrollando en ellos su sentido de la responsabilidad frente a sus actos.
  • Haciéndolos conscientes que cada acción tiene repercusiones en su entorno.

Para lograr esto es fundamental establecer límites claros, mantener siempre una relación de autoridad frente a ellos, lo que no significa abusar de ella. Que experimenten siempre las consecuencias de sus decisiones y promover el acercamiento a actividades solidarias o de servicio a la comunidad para que así conozcan otras realidades y sintonicen con ellas.

¿Qué es el círculo vicioso de la agresión?

Es muy común que, tanto las madres como los padres, al tratar de encontrar una solución a las conductas autoritarias de sus hijas o hijos, los afronten con estrategias de diferente naturaleza lo que, generalmente, únicamente consigue que la violencia y las agresiones sea de forma y manera más intensa.

En un primer momento, los padres de familia sí se dan cuenta de que cuando enfrentan las situaciones de conflicto, ya sea castigando o reprimiendo, obtienen el efecto contrario al esperado. La frecuencia e intensidad del comportamiento agresivo aumenta y se intensifica.

Como una alternativa a esto, suelen probar cambiando de estrategia y adoptan una posición conciliadora y persuasiva, buscando transmitir a sus hijos que lo aceptan y entienden. Esta actitud no despierta ningún acercamiento, ni respuesta positiva por parte de los menores, sino que, solamente logra su indiferencia hacia las muestras de afecto y preocupación.

Todo este proceso donde los padres buscan y ofrecen diferentes maneras de acercamiento y donde el niño no responde ni cede a ninguna de ellas, genera una sensación de:

  • Frustración.
  • Rabia.
  • Irritabilidad.
  • Los padres se sienten indefensos y sin herramientas con las que afrontar esta problemática.

Aquí la dinámica se vuelve cada vez más compleja y tanto el menor, como sus padres, responden intentando dominarla. Imponiendo sus condiciones, lo que generalmente es inútil y contraproducente, provocando cada vez más violencia.

En consecuencia, este tipo de comportamiento, presenta dos modalidades de aumento de la violencia:

  • Escalada de dominio

Cada vez que los padres se muestran comprensivos y cercanos al infante, este aprovecha para aumentar sus exigencias.

  • Escalada de compensación

En las ocasiones en que, los padres, adoptan una actitud más dura estableciendo límites, la niña o el niño como respuesta a esto intenta mantener su autoridad y control sobre ellos, ejerce más violencia.

En este punto, la relación entre ambos se ve perjudicada por un círculo vicioso donde no hay salida saludable posible y donde cada vez, los hijos van ganando más poder y control sobre sus progenitores.

Es normal observar que, producto de este comportamiento, los padres reaccionen con agresividad y violencia frente a los ataques de su hijo pasando de ser un caso de violencia filió parental a uno en que las agresiones son de ida y vuelta.

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Dentro del grupo de pacientes diagnosticados con el síndrome del niño emperador, se pueden observar dos grandes grupos que se diferencian ente si por sus características particulares:

  • Niño narcisista

Pueden llegar a experimentar todas o casi todas las emociones normalmente sin ninguna dificultad, sin embargo, les cuesta mucho por no decir que les resulta imposible ponerse en el lugar de otros.

No cuentan con la capacidad de entender lo que los demás sienten.

En este caso la falla no es en la capacidad de ser conscientes sino de empatizar con las emociones y experiencias de las demás personas.

Esta característica puede ocasionar graves problemas en la edad adulta al dificultar el desarrollo de relaciones saludables y equilibradas.

  • Niño tirano resentido

Este menor siente que la vida está en deuda constante con él, pues le ha quitado la posibilidad de disfrutar de un sin número de experiencias y habilidades que si han gozado otros con los que él se relaciona.

Para en la única forma de arreglar esto es quitarle a los demás estos privilegios injustamente otorgados.

Siente una gran necesidad de venganza muy intensa para lograr remediar esta injusticia que la vida le ha dado.

Sus víctimas nunca entienden porque son motivos de estos ataques ni de la hostilidad hacia ellos.

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Es vital estar muy atentos al comportamiento de las y los menores, para así poder detectar las señales de su aparición y desarrollo del síndrome del niño emperador en una etapa temprana de desarrollo y abordarlo adecuadamente.

Si los síntomas del síndrome del niño rey o del niño tirano aparecen es imprescindible contactar a un especialista que pueda guiar el proceso de tratamiento más adecuado y efectivo teniendo en cuenta las características personales de la niña o el niño y su familia.

(Con información de la Secretaría de Salud, Instituto Nacional de Pediatría y el Instituto Nacional de Psiquiatría)