Cuando Alejandra tuvo a su hijo, sintió que su vida estaba en un vacío. No le ajustaba el tiempo para nada y tampoco quería estar con su bebé. Sentía la responsabilidad de decir que estaba siendo mamá cuando no quería serlo y deseaba seguir con su rutina, pero tenía la sensación de que ya no podía hacer nada al respecto.

No es que fuera mala madre ni que su hijo hubiera nacido de una relación sexual forzada, sino que llegó a padecer depresión posparto, una condición que afecta al 15% de la población mundial y se encuentra incluida en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales según la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

Ale tenía un mes de casada y planes a futuro con su esposo, como salir o juntar dinero para comprar una casa, pero desde que supo que estaba embarazada, el sentimiento de emoción por conseguir sus objetivos se vino para abajo.

“Yo decía: ‘ya estoy casada y voy a hacer mi familia de una vez’, pero fue bastante complicado porque yo sentía que no quería”, revela.

El 13 de enero se conmemora el Día Internacional de la Lucha contra la Depresión y aquí te contamos más sobre un evento invisibilizado por el concepto social que se tiene de que el embarazo y la maternidad son algo maravilloso.

La depresión, un problema mundial que incapacita

Hablar de depresión no implica nada más una tristeza persistente, sino referirse a una condición que termina con la vida social y laboral de las personas.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que se trata de la segunda causa de discapacidad a nivel mundial y se prevé que se convertirá en la primera para 2030 si no se modifican las estrategias para atenderla oportunamente.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI), 34.8 millones de personas han tenido algún episodio depresivo en sus vidas y la mayoría han sido las mujeres (20.37% M y 14.48% H).

La OMS va más allá y detalla un estimado de 300 millones de personas afectadas por este trastorno en el planeta.

¿Qué pasa en nuestro país? El INEGI señala que uno de los hallazgos de la primera Encuesta Nacional de Bienestar Autorreportado (ENBIARE) fue que 15.7% de la población mexicana mayor de 18 años reportó síntomas depresivos.

Después del punto máximo de la pandemia, se calcula que aproximadamente un 20% de la población mexicana tiene depresión.

Depresión posparto, el lado oscuro de la llegada de un bebé

Busca “maternidad” en internet y ve las fotografías que te salen. Quizá percibas embarazos, parejas agarradas de las manos, mujeres tocándose el vientre con cara de esperanza o familias felices agarrando los deditos del bebé. Se trata de una imagen rosa que no tiene nada que ver con lo que viven las mujeres afectadas por depresión posparto.

Lo que le pasó a Alejandra no es nuevo ni algo extraño en nuestro país. El Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz detalla que la depresión posparto suele aparecer en los primeros 10 días posnatales y se calcula que perjudica del 30% a 70% de las madres en México.

“La mujer experimenta diferentes cambios hormonales en el embarazo y el estrés también está presente. Esto condiciona que, en algunos momentos, el estado de ánimo de la paciente que acaba de tener un bebé pueda tornarse complicado”, expone el doctor y especialista de ginecología y obstetricia del Centro Médico ABC, Héctor Jesús Borboa Olivares para Sumedico.com.

En palabras del doctor Borboa, es muy común que las mujeres sufran un proceso de alteraciones en el estado de ánimo en los primeros días posteriores al nacimiento y pueden experimentar tristeza, ansiedad, depresión o insomnio, sin que esto llegue a manifestar algún problema severo para la mamá.

“Habitualmente, el evento denominado ‘Baby Blues’ o la tristeza después del nacimiento dura alrededor de dos semanas y máximo un mes. Cuando ya se considera depresión posparto es cuando hay una alteración en el estado de ánimo que se empieza a manifestar después de las dos semanas de que nació el pequeño”, explica el especialista.

La depresión posparto puede presentarse o manifestarse hasta después de un año de la llegada del infante, pues el periodo considerado como “posparto” no implica nada más el lapso después de la llegada, aclara.

“Lo importante es saber reconocerlo para que los especialistas traten la depresión posparto”, recomienda el doctor Borboa.

Ale coincide, pero no recomienda que se vaya con cualquier doctor, sino con alguien que inspire confianza y tranquilidad.

“Busquen a una psicóloga o una ayuda donde ustedes se sientan en confianza. Yo fui con una y no era del todo cómoda mi estancia con ella. Sentía que no era la persona indicada, pero yo, por querer estar mejor, accedía a seguir yendo”, confiesa.

Debido a la sensación que tenía con la especialista que estaba viendo su depresión posparto, dejó de ir a terapia por decisión propia.

El doctor Borboa abunda que hay varios factores de riesgo que predisponen a la aparición de depresión posparto:

  • Hormonas: durante el embarazo hay una cantidad de hormonas muy elevada en la mujer, particularmente de la progesterona.
  • Factor genético: si se tienen mamás o hermanas con depresión posparto o que lo tuvieron, se tiene mayor riesgo.
  • Estrés durante el embarazo: vivir situaciones como problemas con la pareja, problemas económicos o de salud.
  • Rechazo de las demás personas por el embarazo

Por su parte, Mayo Clinic aclara que la depresión posparto no es un signo de debilidad ni un defecto de carácter, sino que a veces se trata simplemente de una complicación del parto.

¿Cuáles son los síntomas de la depresión posparto?

La Clínica Mayo apunta que algunos de los síntomas que pueden llegar a tener las mujeres afectadas por depresión posparto incluyen:

  • Cambios de humor graves o estado de ánimo deprimido
  • Llanto en exceso
  • Problemas para relacionarse con el bebé
  • Aislarse de amigos y familiares
  • Pérdida del apetito o comer mucho en una cantidad mayor a lo habitual
  • Poca capacidad para dormir o dormir en demasía
  • Pérdida de energía o fatiga abrumadora
  • Reducción del interés y el placer en las actividades que se solía disfrutar
  • Irritabilidad y enojo muy intensos
  • Temor a no ser una buena madre
  • Falta de esperanza
  • Sentimientos de vergüenza, insuficiencia, inutilidad o culpa
  • Reducción de la capacidad para pensar con claridad, tomar decisiones o concentrarse
  • Inquietud
  • Ataques de pánico y ansiedad grave
  • Pensamientos de lastimarte a si misma o al recién nacido
  • Pensamientos recurrentes de suicidio o muerte

“Era una antes y fui otra después de mi bebé”

Ale detalla que antes del nacimiento de su hijo llevaba una vida muy diferente. Salía con sus amigas por una cerveza o por un café cuando terminaba de trabajar y también se podía quedar más tiempo en su labor en caso de que se llegara a necesitar.

“Ahora era salir e irme a casa porque el niño estaba con mi mamá y era bien ‘chillón’. Luego llegaba a la casa y tenía que hacer labores domésticas antes de que llegara mi esposo. Fue muy complicado”, revela.

“Si me mato, me mato y ya…”

El nacimiento no fue nada sencillo. Ale confiesa que tuvo que ser vía cesárea porque su bebé venía muy grande y el parto llegó a ser bastante doloroso.

“Me desgarraron y me estaba desangrando porque me cortaron de más. Cuando salgo del hospital, caigo en cuenta que ya estoy en casa con mi bebé y fue bastante triste porque yo no sentía ese amor que se supone deberías sentir como mamá”, recuerda Alejandra.

Le desesperaba que el recién nacido llorara y aunque todos la apoyaban y la siguen apoyando, ella sentía una responsabilidad no deseada. Su síntoma principal fue comer en exceso y llegó a considerar esta acción como un escape.

“Era lo que me hacía sentir bien. Comencé a tener problemas con mi esposo por la cuestión económica, porque dejé de trabajar y se me juntaba la situación del dinero, los problemas con mi marido, el niño… incluso llegué a tener pensamientos suicidas. Si me mato, me mato y ya… nadie sabe y que se hagan cargo ellos”, recuerda Ale.

“Le pienso decir todo, pero más adelante… cuando se vaya a casar”

Su vida cotidiana se detuvo por la llegada de su pequeño y considera que, a su arribo, la diversión como ella lo concebía, terminó. Ahora, después de tenerlo y darle atención por un tiempo, piensa contarle todo cuando él sea mayor y tenga planes de formar una familia.

“Le pienso decir todo lo que tuve que pasar y tengo la intención de contárselo cuando vaya a casarse. Quiero explicarle lo que viví para que él sepa cómo actuar en caso de que le toque algo así a su esposa o que se abstenga de tener hijos”, comenta Ale para Sumedico.com.

El apoyo de mi marido y la familia fue muy importante. Si mi hijo desea tener un hijo y lo tiene, debe saber qué hacer para ayudar a su esposa y creo que mi vivencia le puede ayudar para que no lo sufran como pareja desde cero

(Con información de DGCS UNAM)