La presencia de pequeñas bolitas o bultos en los niños, principalmente en el cuello, no es algo infrecuente de encontrar por los padres, sin embargo, en muchos casos podría tratarse de una simple inflamación de los ganglios linfáticos.

De hecho, las instituciones de salud aseguran que en la gran mayoría de los casos, alguna presencia de bultos (más frecuentemente en el cuello) puede ser a causa de la inflamación de los ganglios, lo que significa que es algo bastante controlable y poco grave.

Esta condición no es del todo mala, y se trata, en realidad, de algo bastante frecuente en los niños, principalmente durante las temporadas de resfrío y catarro común.

(foto: pinterest)

¿Qué son los ganglios linfáticos?

Los ganglios linfáticos, también llamados nódulos linfáticos, son pequeños órganos (glándulas) que pertenecen al sistema inmunológico, y ayudan a que el cuerpo pueda combatir alguna bacteria o virus que esté presente en el organismo, ya que son los responsables de resguardar a los linfocitos (las células encargadas de combatir las infecciones), y darles un espacio para que se multipliquen en caso de ser necesario.

La Academia Americana de Pediatría informa que existen más o menos de 200 a 300 nódulos linfáticos solo en la zona de la cabeza y cuello, pero estos también pueden encontrarse en otras áreas del cuerpo (como las axilas, las ingles, pecho, abdomen).

Normalmente, los ganglios linfáticos del cuello, la garganta y la parte posterior de la nariz pueden inflamarse (y aumentar su tamaño), cuando hay un catarro, una infección de garganta, pero también si hay una infección en algún nódulo o un sitio cercano.

El lugar donde estos ganglios se inflaman es muy importante, ya que es más frecuente que la inflamación se ubique cerca del sitio donde está el foco de la infección o el problema. De esta manera, los ganglios inflamados funcionan no solo para ayudar al sistema inmunológico, sino también como un marcador de apoyo para encontrar y poder tratar la infección.

Linfadenopatía en niños: la causa de los ganglios inflamados

La linfadenopatía es el término médico para referirse a la inflamación de los ganglios linfáticos

Esta patología puede presentarse en cualquier área del cuerpo, y puede ser localizada (es decir, en una sola área) o en varias zonas del cuerpo. Lo más frecuente es que sea en una sola parte del cuerpo, y la que más frecuentemente se ve afectada en los niños es el área del cuello (o sea, los ganglios linfáticos cervicales).

Stanford Children’s Health asegura que prácticamente todos los niños tendrán una linfadenopatía en algún momento de su vida.

La inflamación de los ganglios suele darse principalmente cuando hay una infección en el cuerpo. En ese punto, los ganglios funcionan como almacenes del sistema inmunológico, lo que causa su agrandamiento e inflamación, ya que deben guardar una gran cantidad de células inmunológicas y el líquido en que se transportarán.

Algunas causas pueden ser:

  • Infecciones virales o bacterianas (varicela, mononucleosis, faringitis estreptocócica, gripes y resfriados, infecciones bucales, etc.) generales.
  • Una infección de un ganglio linfático específico o de un grupo de ganglios.
  • Cáncer, sin embargo, se acompaña de otros síntomas.
  • Reacciones alérgicas a medicamentos.
  • Artritis juvenil o problemas articulares infantiles.

(foto: freepik)

Los síntomas de linfadenopatía, más que bultos

Stanford Children’s Health, asegura que si bien los ganglios linfáticos se pueden sentir en los niños de forma normal (siempre que sean pequeños y se puedan mover), existe una serie de síntomas que nos pueden alertar de un problema de salud que hay que tratar:

  • Los bultos son más grandes de lo normal. 
  • Hay bultos en la mandíbula, a los lados del cuello o en las axilas. También se debe estar al pendiente en caso de que se presenten en la ingle, pecho o abdomen.
  • Dolor en el área, ya sea sin tocar o al tocar.
  • La zona se ve enrojecida y caliente.

Además, según la causa de la inflamación de los ganglios, y de su gravedad o intensidad, podríamos tener otros síntomas como:

  • Fiebre.
  • Dolor de garganta, congestión nasal, tos, escurrimiento nasal.
  • Poco apetito.
  • Dolores corporales.
  • Dolores de cabeza.
  • Cansancio generalizado.

Incluso si no se trata de algo estrictamente grave, es muy importante que ante la presencia de estos síntomas o la presencia de la inflamación o masas en alguna parte del cuerpo del niño, se acuda al médico pediatra, para que así se reciba un tratamiento adecuado y se descarten otros problemas de salud.

En todo momento se debe estar pendiente de elementos y características como: el tiempo que ha durado el bulto, si el niño ha estado enfermo previamente o si ha tenido síntomas de algo, si el niño ha estado cerca de mascotas o animales, e incluso si el bulto se ha mantenido del mismo tamaño o ha ido aumentando.

(Con información de: Stanford Children’s Health, Healthy Children de Academia Americana de Pediatría, 20 minutos)