Durante la temporada de regreso a clases, es común ver a algunos niños llorar al momento de separarse de sus padres e ingresar a la escuela; los expertos explican que se trata de un proceso normal, y aunque no es necesario preocuparse de más, sí se debe prestar atención para identificar problemas mayores.

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Los niños pasan por un período de adaptación

Con el regreso a clases, es frecuente que los niños lloren, principalmente los más pequeños y los que recién inician la vida escolar, haciendo que los padres sientan algo de culpa y malestar por dejar a su pequeño llorando antes de tener que separarse.

Este proceso, indican los expertos, es un proceso bastante normal, y en realidad se debe por una razón muy simple: los niños tienen miedo a lo desconocido y lo expresan por medio del llanto.

Regresar a clases (o entrar por primera vez a la escuela), significa entrar a un ambiente nuevo y desconocido, del que no saben nada, y tampoco conocen a las personas que los rodearán, lo que puede generar emociones negativas en los pequeños.

Llegar a comprender ese nuevo entorno y a las personas que se relacionarán con ellos, implica que deben pasar por un período de adaptación, que puede variar de niño a niño, y que dependerá de factores como:

  • La edad (entre más pequeños, más pueden tardar).
  • Su personalidad (introvertida o extrovertida).
  • El apego a sus padres.

Esta adaptación es un proceso donde pasan de tener miedo y percibir peligro ante lo desconocido, a tranquilizarse y sentir que todo es predecible para ellos, lo que terminará por brindarles una sensación de calma, explica el neuropediatra Manuel Antonio Fernández, médico del Instituto Andaluz de Neurología Pediátrica.

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¿Cuándo sería un problema?

Pilu Hernández, maestra y CEO de El Pupitre de Pilu, explica que de forma común los llantos pueden durar al menos una semana, que es más o menos lo que dura el período de adaptación.

Esta adaptación permite al niño entender a dónde va, reconocer a la gente con las que interactúa y el lugar, lo que hará que poco a poco disfrute de su estancia en la escuela y que los llantos vayan cesando, ya que la situación y el entorno se volverán conocidos.

Sin embargo, si tras pasar el período de adaptación (una semana más o menos), el niño sigue llorando, entonces podría comenzar a sospecharse de que algo más ocurre, como incomodidad en clase o con sus compañeros o profesores.

Es importante prestar atención en el llanto del niño e intentar llegar a la causa para poder solucionarla; lo peor que se puede hacer, explica la maestra Hernández, es dejarlo llorar y esperar que lo deje de hacer de manera repentina.

Preguntarle al niño lo que le pasa y averiguar las razones de su llanto y de su incomodidad en el ambiente escolar, ayudará a evitar afectaciones a nivel emocional, y evitará que genere problemas relacionados con la angustia que impidan el ir a la escuela.

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¿Qué hacer para evitar que los niños lloren?

Sin duda como padres hay acciones que pueden realizarse para facilitar el proceso de adaptación de los niños, o para aminorar la angustia que pueden sentir al ingresar a un ambiente escolar.

Los expertos consideran que las acciones deben estar enfocadas en ofrecerle al pequeño:

  • Seguridad.
  • Apoyo.
  • Atención.

Lo más importante es no olvidar que este proceso es normal en los pequeños, por lo que es necesario tomarlo con naturalidad y una actitud positiva, sin pensar en este proceso como algo negativo y que no tiene ningún tipo de solución, ya que esa ansiedad o frustración será percibida y tomada por el pequeño.

Si bien puede ser un poco estresante y hasta pueden generarse sentimientos de culpa, principalmente al dejar llorando al niño, mantener una buena actitud es de suma importancia para transmitir seguridad al pequeño.

(Con información de: PsicoAyuda Infantil, Ser Padres, ABC, 20 Minutos.)