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Los tratamientos estéticos durante el embarazo: ¿qué no se debe hacer?

La atención a la salud de la piel ha ido cobrando mayor importancia en los últimos tiempos, sin embargo, durante el embarazo se debe tener especial cuidado

NEKANE CASTILLOJun 14, 2022 
Tiempo de lectura: 7 mins.
Algunas mujeres pueden sufrir de procesos en la piel que pueden resultar molestos, tanto en el rostro como en el resto del cuerpo, por lo que se deben considerar los métodos que sí están recomendados (foto: unsplash)

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En la actualidad, los tratamientos estéticos son muy populares, y se utilizan cada vez más, por lo que no es raro que algunas embarazadas también quieren probar con algunos de estos métodos para beneficiar su apariencia, principalmente aquellas que pueden tener efectos secundarios faciales en la gestación.

Si bien es cierto que durante el embarazo muchas mujeres pueden sentir cómo su cabello, su piel, y en general todo en ellas se mira mucho más radiante, la realidad es que para otras puede suceder todo lo contrario. Durante el periodo de gestación, pueden darse muchos problemas de la piel y es por esa razón que las futuras madres buscan métodos que les ayuden a verse y sentirse mejor.

Sin embargo, ¿sabías que no todos los tratamientos están recomendados durante el embarazo?

(foto: unsplash)

Los tratamientos estéticos en el embarazo

El embarazo es un período de alegría, pero también de mucho cuidado, pues existen un sinfín de productos y elementos que pueden resultar perjudiciales para el bebé, dañando su salud e incluso atentando contra su vida.

Por esa razón, diversos especialistas se han dedicado a analizar y estudiar los efectos que los tratamientos de belleza, tan popularizados durante los últimos tiempos, pudiesen tener en las embarazadas.

Por un lado, se cree que existen tratamientos que, en sí mismos, no representan un riesgo, pero deben evitarse, ya que la falta de información respecto a ellos, evita que se conozca y se sepa si es que causan algún tipo de daño en la madre y el bebé.

La Dra. Gema Pérez Sevilla, experta en medicina estética, asegura que con algunos tratamientos “el problema no es el tratamiento en sí, sino la falta de estudios que aseguren que no se puede provocar algún tipo de problema en el feto. Partimos de la base de que los tratamientos no son seguros y que no se deberían realizar hasta después del parto (o de la lactancia)”.

Por otra parte, existen tratamientos que ya se sabe que representan un riesgo severo y directo para la salud del feto, y que deben ser evitados a toda costa: un ejemplo de esto serían los tratamientos con botox ya que, en palabras de la misma experta, la toxina que se utiliza (la toxina botulínica), puede provocar malformaciones e incluso un aborto.

También los productos que contengan químicos muy fuertes y que puedan ser absorbidos por la piel (y posteriormente pasar a la sangre y dañar al bebé) deben ser evitados, y por esta razón los peelings químicos deben ser prohibidos completamente durante el período de gestación.

(foto: unsplash)

Qué productos y procedimientos definitivamente deben evitarse en el embarazo

Como ya hemos dicho, el botox está altamente contraindicado y prohibido durante el embarazo, por más mínimo que este pueda ser. Sin embargo, existen otros productos y procedimientos que deben evitarse durante esta etapa:

  • Cosméticos o productos que contengan retinol, ácido retinoico, ácido salicílico y ácido glicólico, ya sea para realizar un peeling químico o algo más, quedan totalmente prohibidos, ya que estos químicos pueden pasar a la sangre de la madre y dañar al feto, creando malformaciones. Todos los ácidos deben ser evitados.
  • Los peelings químicos no deben realizarse bajo ningún motivo.
  • Los tratamientos láser, con radiofrecuencia, ultrasonido o con cualquier aparato, no son recomendables. Si bien todavía no se reconoce a ciencia cierta si pueden tener efectos en el bebé o no, lo ideal es alejarse de estos tratamientos, ya que tampoco se ha confirmado si no tienen efectos dañinos.
  • Los tintes de cabello que tengan amoníaco u otros químicos fuertes, deben evitarse y sustituirse por tintes naturales. 
  • Aquellos tratamientos que tienen calor (como los que se hacen en un spa con agua caliente), tampoco son recomendados por los expertos.
  • El ácido hialurónico, que en sí mismo no representa un riesgo directo, no está recomendado, pues se desconoce si las moléculas que lo componen están alteradas o pueden provocar daños al bebé.
  • Los aceites esenciales pueden ser peligrosos y resultar en malformaciones, por lo que deben estar restringidos para su uso durante el embarazo.
  • Y, por obvias razones, la cirugía estética tampoco debe realizarse durante el tiempo del embarazo, ya que lleva muchos riesgos (como reacciones alérgicas, problemas con la anestesia, etc.), y no se trata de algo imprescindible. 

(foto: unsplash)

Qué cosas sí se pueden durante el embarazo

Si bien muchos tratamientos no se aconsejan, al menos no los más populares, existen una serie de procedimientos estéticos que sí pueden realizarse, siempre de la mano de un experto de la salud, que pueda orientarnos y saber elegir lo más adecuado.

Algunos de los tratamientos que pueden realizarse y no son agresivos, son:

  • Limpiezas faciales no químicas. Se recomiendan exfoliantes o limpiadores cuya base sean de productos naturales, evitando todo producto que sea muy fuerte, o que tenga químicos muy intensos.
  • Depilaciones con cera. Si bien se deben extremar precauciones para evitar problemas como quemaduras, o posibles movimientos en brusco, la realidad es que este tipo de depilación no tiene efectos perjudiciales; el único inconveniente es que puede resultar más doloroso, ya que la piel se encuentra más sensible y reactiva.
  • Mascarillas, faciales o corporales. Si no tienen ninguna de las sustancias antes mencionadas, se pueden utilizar con tranquilidad, ya que brindarán hidratación y nutrirán la piel.
  • Masajes. Debe evitarse el uso de aceites esenciales, ya que pueden contener terapenos que provoquen malformaciones, pero los masajes sí están recomendados, ya que ayudan a liberar la tensión y el estrés.
  • La presoterapia corporal, o drenaje linfático manual. Puede ayudar para mejorar la retención de líquidos que sufren muchas de las embarazadas, y que resultan una de las mayores molestias que experimentan durante estos períodos.
  • Cremas hidratantes y serum suave, además de bloqueador solar, todos siempre bajo recomendación médica.
  • Para solucionar el melasma (que son manchas que suelen salir en el segundo trimestre), pueden utilizarse ampollas de vitamina C y E, pero nunca peelings químicos, que solo podrán utilizarse después del embarazo, así como los procedimientos faciales dermoabrasivos.

Lo ideal siempre será acudir con un médico y con un especialista que puedan orientarnos para tomar la mejor decisión, y que se nos informe sobre los procedimientos que será mejor evitar para que no tenga repercusiones en la salud de nuestro futuro bebé.

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El sistema inmune cambia:
El sistema inmune de una mujer embarazada se comporta de una manera extraña que los científicos aún no descifran por completo ya que después de la implantación del embrión en el útero, el sistema inmune en vez de atacarlo como a cualquier cuerpo extraño, no lo hace. Se cree que es porque hay células inmunes que protegen al feto de otras células inmunes.
El útero crece y se cierra:
Para proteger al feto, el cuerpo crea un tapón antibacteriano de moco en el cuello del útero que no permite la entrada de gérmenes y se mantiene cerrado hasta que el bebé nace. A medida que el embarazo progresa, dos hormonas, la progesterona y la relaxina, provocan el estiramiento de los músculos para que el útero crezca libremente sin causar daño.
Menor capacidad pulmonar:
El diafragma es empujado a medida que el útero crece, lo que provoca falta de aire en las mujeres. Sin embargo, la progesterona entra de nuevo al rescate y sustituye la función del diafragma para hacer respirar a la mujer y así, tanto ella como su feto obtienen el oxígeno suficiente aunque con menor capacidad pulmonar.
Doble cantidad de sangre:
Además de que los riñones comienzan a producir una hormona llamada eritropoyetina, que aumenta la producción de glóbulos rojos (sangre), también retienen más agua y sales para aumentar el volumen de la sangre al doble. Por su parte, el feto crea su propio suministro de sangre con los nutrientes que obtiene de la madre.
El corazón trabaja horas extra:
Con toda esa nueva cantidad de sangre, el corazón tiene que trabajar más para poder bombearla toda y enviarla al cuerpo de la madre y la placenta del feto. Por ello la frecuencia cardiaca aumenta, lo que provoca que muchas mujeres embarazadas sufran complicaciones en el embarazo y el parto relacionadas con el corazón y la presión arterial.

(Con información de: Guía Infantil, 20Minutos, Clínica Dra. García.)

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