Laura aguantó 15 años de maltratos de su pareja, aunque al principio todo parecía normal, las cosas empezaron a cambiar cuando se embarazó y tuvo malestares normales que le impedían hacer sus actividades, por lo que su pareja empezó a decirle que solo fingía para “hacerse tonta” con sus quehaceres. 

“Yo me la pasaba llorando por sus insultos y cuando busqué el apoyo de mis padres no lo tuve, porque me fui de casa sin su aprobación; poco a poco fue creciendo más la violencia, especialmente porque él se iba a tomar entre semana y regresaba muy violento, por cualquier cosita me empujaba o me daba cachetadas”, relata.

Lamentablemente, casos como el de Laura son comunes en nuestro país, pues de acuerdo con cifras del INEGI correspondientes al 2021, del total de mujeres de 15 años y más, 70.1 % han experimentado al menos un incidente de violencia a lo largo de su vida.

El problema, es que muchas veces se normaliza o minimiza esa violencia, porque no se reconoce hasta que hay golpes o maltrato físico. 

Cuando hay violencia física, ya hubo muchas violencias anteriores

Al respecto, Tere Díaz, especialista en psicoterapia familiar y de pareja, explica en entrevista con Sumédico que existen muchas violencias que se ejercen bajo el paraguas del patriarcado-machismo en México. 

(Foto: Tere Díaz) 

La violencia abarca mucho más que los golpes o cachetadas, de hecho, la experta señala que se considera violencia a cualquier palabra, acto u omisión cuyo objetivo es controlar la vida del otro, someter y acotar sus opciones para beneficio propio. 

¿Cuáles violencias existen? La que se reconoce más rápido es la violencia física, pero cuando ya llegamos a este punto es que ya hubo muchas violencias anteriores.

Pero incluso cuando ya hay violencia física, se minimiza, muchas mujeres dicen “bueno, no me pateó, solo me dio un empujón o un pellizco”, pero poco a poco, esa violencia va escalando hasta llegar a un feminicidio, pasando por golpes, jalones de pelo, apagones de cigarro en la piel, bofetadas y violaciones, advierte la psicoterapeuta.

En la pareja también es muy común la violencia psicológica o emocional que tiene que ver con todas las agresiones verbales, minimizaciones, desprecios, groserías y burlas, que a veces pueden ser muy sutiles.

“También cuando hay un menosprecio, te dicen palabras intimidantes, denigrantes y amenazas, o cuando te humillan frente a otras personas”, destaca la experta.

Los celos son otro tipo de violencia emocional que por desgracia se romantiza, al igual que las conductas posesivas.

En la violencia psicológica podemos incluir de igual forma el gaslighting, donde la víctima es manipulada para que llegue a dudar de su propia percepción o juicio. 

Otro tipo de violencia es la económica, que es toda acción u omisión que pone en riesgo la supervivencia económica, que abusa de los recursos materiales, que limita o controla el manejo del dinero.

“Puede ser que no se tenga acceso a las propias cuentas de banco o que se tenga que justificar cada gasto, por mínimo que sea, porque si no, la pareja amenaza con ya no dar más apoyo económico”, dice Tere Díaz. 

La violencia patrimonial es aquella que incluye quitar o destruir cualquiera de las pertenencias que se tengan, esconder documentos, exigir contraseñas para revisar el celular o computadora o hasta lastimar o matar a las mascotas. 

Por su puesto está la violencia sexual, que va desde los manoseos sin consentimientos, palabras obscenas, obligar a ver pornografía, exigir conductas exhibicionistas, pedir que te prostituyas, amenazarte si no accedes a cierto tipo de conductas y hasta la violación.

INEGI reporta que la violencia psicológica es la que presenta mayor prevalencia hacia las mujeres (51.6 %), seguida de:

  • Violencia sexual (49.7 %)
  • Violencia física (34.7 %)
  • Violencia económica, patrimonial y/o discriminación (27.4 %)

Lo más grave es que respecto de 2016, los resultados de 2021 muestran un incremento de 4 puntos porcentuales en la violencia total contra las mujeres a lo largo de la vida.

Toda mujer ha vivido algún tipo de violencia 

La también maestra en Terapia Familiar lamenta que probablemente toda mujer ha vivido algún tipo de violencia, desde que te interrumpen al hablar, te corrigen, te gritan cosas vulgares en la calle, te acosan, no te permiten estudiar, te obligan a “atender” a los hombres de la casa, no te dan la palabra o ignoran lo que dices.

Mientras menos conciencia, poder y recursos tenga una mujer, desde intelectuales, educativos y financieros, está más vulnerable y puede quedar atrapada con más facilidad en situaciones violentas, advierte la experta.

En ese sentido, detalla que las adolescentes, mujeres mayores, con discapacidad o con hijos pequeños suelen ser más afectadas, porque dependen económicamente de su pareja y disponen de menos opciones en todo sentido.

“Muchas veces la estrategia de las personas violentas es aislarte, cortarte los ingresos económicos o controlarlos, para que te puedan someter”, agrega.

“Mi pareja me decía que no podría vivir sin él y le creí” 

Laura relata que cuando nació su hija, ella tuvo problemas de tiroides y los insultos por parte de su pareja siguieron y a pesar de su estado, le reclamaba que no estaba enferma y que era un pretexto para no hacer nada. 

Las discusiones eran diarias y su pareja cada vez quería más control, incluso cuando la mamá de Laura enfermó de cáncer, él le reclamaba por qué iba a verla y no estaba en la casa o no salía a acompañarlo a sus planes. 

“Él me engañaba con otras mujeres e incluso ya no me dejaba dormir con él en la recamara, me mandó a dormir con los niños. Me decía que no podría vivir sin él y que no me dejaría llevar a mis hijos si quería irme, yo me creí todo eso así que la situación era cada vez peor”, cuenta.

Incluso su pareja ya no le daba dinero para sus hijos, cuando le pedía él se molestaba y le decía que no tenía y que dejara de molestar. Algunas veces le aventaba 10 pesos y le decía “a ver para qué te alcanza”.

Cuando su madre falleció, su pareja no le mostró ningún apoyo y fue cuando pensó que ya no podía seguir en esa situación. Habló con sus hijos para decirles que las cosas no estaban bien y que tenían que irse, pues estaba segura de que les hacía más daño quedándose ahí.  

Consiguió un trabajo para demostrarle a su ex que sí podía lograr cosas por sí misma, pero empezaron más problemas, especialmente por los horarios y porque por trabajar “desatendía la casa”.

“Afortunadamente mi papá me dejó una casita y nos fuimos para allá, sin embargo, mi ex pareja seguía atacándome, diciendo que yo era una cualquiera, que seguro andaba con otro y por eso lo dejé”, agrega. 

¿Cuáles son las secuelas de la violencia en pareja?

La psicoterapeuta Díaz refiere que recibir permanentemente insultos, maltratos o actos violentos, genera un debilitamiento y un daño en la integridad física, emocional, intelectual y económica, además de que se merman las competencias, la capacidad de respuesta y de tomar decisiones, así como el ejercicio de la libertad. 

Pero esos efectos no son tan visibles, advierte, generalmente hay un debilitamiento sutil y sostenido que te atrapa y que te lleva a lo que se conoce como indefensión aprendida, que significa una sensación de no salida, de que no tienes los recursos sociales, intelectuales, emocionales y físicos para poder oponerte y salir de esa situación.

“Genera una duda personal, un daño a tu identidad sobre quién eres y qué quieres para ti. También es común que se genere una confusión y se llegue a cuestionar ‘¿seré yo la culpable?’ O hasta creer que el maltrato es merecido”, explica.

La también autora de libro Cómo identificar a un patán agrega que la confusión surge sobre todo porque se mezcla el amor con el maltrato, pues la pareja en momentos te cuida y te trata bien, se preocupa por tu familia, pero luego te desprecia y te humilla. 

“Es un mecanismo más o menos perverso que te lleva a creer que eres la culpable, que tú estás mal o que lo provocaste con tus acciones; eso te debilita y tiene un efecto profundo”, menciona. 

Ese fue el caso de Laura, pues relata que, como mujer, fue fácil sentirse encerrada en esa situación, creyendo que era imposible salir, pues su pareja le hizo creerse todos sus insultos. 

“Me dijo tanto que era una inútil y que no iba a poder yo sola con mis hijos, que empecé a hacerme ideas en la cabeza de que lo mejor era quedarme y aguantar”, recuerda.

Al día de hoy Laura asegura que todavía tiene secuelas, principalmente miedo de que se vuelva a repetir la historia con su actual pareja.

“Recibí ayuda psicológica en mi trabajo porque se dieron cuenta de que estaba mal emocionalmente y cuando les platiqué mi situación, me acercaron el apoyo para poder sanar, aunque todavía no estoy bien, puedo decir que me recuperé en un 80% de todo aquello que me estaba lastimando”, asegura. 

¿Cómo salir de una relación violenta?

No es fácil y la experta recomienda que lo primero es tomar consciencia, no justificar el maltrato diciendo “es que estaba de malas” o “tiene carácter fuerte”, porque es engañarse y disminuir la claridad de lo que se está viviendo. Hay que validar el malestar y visibilizarlo.

Además, es importante tener presente que en estos momentos necesitamos más que nunca ayuda de otros.

“En terapia hay mujeres que me dicen ‘es que yo no era así’ porque ahora viven en un estado de hipervigilancia, miedo permanente, angustia, falta de motivación, depresión y sensación de atrapamiento, de culpa y de duda interna por creer que están exagerando las cosas”, dice Díaz.   

Pero una vez que se reconoce la violencia, es posible ponerle nombre y decir que es una situación abusiva inadmisible.

“Nada justifica lo que el otro se permitió hacer conmigo, a lo mejor tomé una decisión equivocada, pero eso no da pie a que ocurra el abuso”, destaca la psicoterapeuta.

Lo siguiente es ir preparando puertas de salida, no necesariamente es dejar la relación, a veces es poner límites a lo que se está viviendo, por ejemplo, decir “no voy a volver a acceder a este tipo de insinuación sexual” o “si me vuelves a hablar así voy a dejar la habitación”.   

La idea es empezar a poner resistencia para que la otra persona se dé cuenta de que hay una oposición y que lo hace es inadmisible, explica la especialista. 

En este punto, la recomendación es observar qué tanto se pone más agresiva la persona, porque normalmente va a haber intentos de que las cosas sigan iguales o hasta que empeoren. Ahí es donde se debe ser responsable del cuidado y la integridad propia.

Será indispensable buscar espacios de crecimiento que den más recursos para tener mejores posibilidades de acción. “Si la violencia me atrapa y me quita cartas para jugar la vida, tengo que buscar nuevos recursos”, dice Tere Díaz. 

Esto incluye desde informarse sobre acciones legales, hasta buscar buenos amigos que brinden un apoyo, tener un empleo y fortalecerse físicamente.

“Algo que también ayuda mucho es hablar con otras personas y que haya testigos para sacarnos de la confusión, pero es importante que sean personas que validen tus emociones y no las minimicen.

"Si no recibes apoyo a la primera, busca y sigue buscando, porque hay mucha gente especializada, recuerda que el problema no se quita con el tiempo, al contrario, la violencia va empeorando y puede llegar a situaciones muy delicadas, hasta el feminicidio”, advierte la experta.

Hay que pasar por un proceso de recuperación emocional 

La especialista en terapia de pareja señala que, a mayor o menor grado, las mujeres víctimas de violencia quedan con un estrés postraumático o hasta con una paranoia y temor a socializar, a no querer volver a vivir eso. 

También quedan creencias erróneas y emociones distorsionadas de lo que es el amor, por lo que se necesita todo un proceso de reaprendizaje de cómo son las relaciones sanas, cómo validar los sentimientos y cómo interpretar lo sucedido. 

En algunos casos es necesario una ayuda médica, porque hay un estrés excesivo, una profunda depresión y un estado de ansiedad generalizada donde necesitamos recuperarnos del desgaste físico y mental. 

El apoyo psicológico también es fundamental, para evaluar lo sucedido y reconstruir quién eres, desde la autocompasión y no la culpa.

 “Yo conozco mujeres que están en situaciones terroríficas y cuando su pareja llora sienten culpa, y yo les digo ‘oye, tu llevas llorando 20 años y él solo una vez’, por eso es muy importante trabajar el fortalecimiento emocional”, destaca Díaz. 

¿Y si vuelvo constantemente a esa relación violenta?

Cuando hay un apego se requiere de un mayor trabajo terapéutico emocional, dice la experta, porque las mujeres prefieren quedarse en esa situación violenta que dejarlo, ya sea por miedo a la soledad o a la predisposición a apegos tóxicos.

En estos casos también influyen los mandatos y creencias sobre lo que “debe ser una mujer” y lo que le toca, que no podemos enojarnos o que si nos maltratan es porque algo hicimos mal, lo que favorece que las mujeres aguanten estas situaciones terribles.  

Por supuesto no ayudan las creencias sobre lo que es el amor, que una mujer sola no vale o que tener pareja debe ser el principal proyecto de vida, que el amor todo lo soporta y todo lo puede, lo cual es totalmente falso.

“En México además se normaliza la violencia como forma de educar y proteger, así que cuesta más trabajo ver las situaciones abusivas”, lamenta la psicoterapeuta.

Las mujeres también tenemos que ser un apoyo entre nosotras y para ello la experta pide eliminar frases como “eso le pasa por fácil”, o “claro, como ya quiere trabajar el otro cómo no se va a ofender”, pues nos hacen ser parte del sistema de creencias patriarcal, porque no se necesita ser hombre para ejecutar esas violencias.

Las relaciones no son perfectas, pero no deben quitarte la paz ni limitarte 

Tere Díaz recalca que la calidad de vida depende de la calidad de nuestras relaciones, por lo que, si te quitan paz, te cierran opciones de crecimiento, te limitan el disfrute, no te dejan ver a tus amigos o necesitas pedir permiso para hacer las cosas, hay que poner límites.

“Si la situación es grave, agarra tus cosas y salte, porque sabemos que muchas mujeres no la cuentan. Con la violencia no se juega, busca ayuda y atraviesa los miedos, cada pequeña acción te va a llevar a otro lugar”, aconseja la experta. 

Por su parte, Laura invita a las mujeres que pasan una situación igual a la de ella, que no tengan miedo, que sí se puede salir adelante solas y que recuerden que nunca van a estar atadas de manos ni tienen por qué soportar el maltrato, los insultos y los golpes.

Desde su experiencia, asegura que esas cosas tan crueles y desgarradoras hacen que te vayas creyendo lo que ellos dicen, que es imposible vivir sin un hombre. “Pero el mundo es diferente cuando una toma valor de salir adelante, es un desahogo y algo muy bonito alejarse de ese tipo de personas”, dice. 

Si quieres saber más sobre cómo salir de una relación violenta, visita las redes sociales de la experta: