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Sobre el deseo de sentir: la excitación sexual en las mujeres

La llamada excitación sexual femenina suele asociarse sólo con la lubricación sexual. Es necesaria una visión más amplia

Escrito en OPINIÓN el

Después de abordar algunos aspectos del deseo sexual, ahora hablaremos de la llamada excitación sexual femenina, la cual suele asociarse sólo con la lubricación sexual. Es necesaria una visión más amplia de lo que significa la activación sexual en la mujer y los modos subjetivos como ellas dan significado a la experiencia sexual. 

La activación sexual femenina se despliega en la interioridad, en la profundidad, conlleva una alta dosis de misterio y ello constituye parte de su atractivo. Su erotismo acontece entre lo visible y lo invisible, entre lo permitido y lo prohibido, entre la dependencia y la independencia.

La mujer no presume ni exhibe sus hazañas o conquistas sexuales, hasta la actualidad eso es un campo de reafirmación masculina. Incluso las mujeres que se manejan altamente seductoras o como cazadoras sexuales, no necesariamente refieren un disfrute ligado a su atractivo sexual o al deseo que generan en el otro.  

Las mujeres tejen sus historias sexuales entre silencios, cuchicheos, insinuaciones y gestos discretos, en un interjuego entre ocultarse y verse, atreverse y retenerse, entregarse y reservarse.

(Imagen: Our Hours, Rafel Bestard, 2021)

La sexualidad femenina descansa mucho en la sensualidad, se arma desde la infancia, una serie de vivencias ligadas con el tocar, acariciar, abrazar, besar, peinar, mirar, cuidar, reír, platicar, escuchar, experiencias más permitidas en las mujeres que en los hombres. 

Intercambios deseantes que ocurren con otras mujeres, primero con la madre, hermanas y luego con amigas y que van dando un sustrato sensorial y afectivo, una narrativa corporal. (Alizade,1992)

Sobre el deseo de sentir. La excitación sexual en las mujeres

Ese juego de lo femenino es un universo rico en fantasía, sensaciones y palabras. Historias y lenguajes bien construidos son el mejor lubricante. Las manos que activan la excitación femenina no son manos que saben solo de zonas erógenas, de recetas o de puntos G, no son de un ego que espera sentirse complacido con imágenes o resultados.

La activación de la imaginación y la sensualidad femenina viene de manos, caricias, miradas, sonrisas que cuentan una historia, que vienen de otro ser que reconoce su propia vulnerabilidad, necesidad de afecto y amparo. Que quiere literalmente meterse en el cuerpo del otro y esconderse en él, cuyas caricias, actitudes e intenciones denotan relatos y aperturas de marcas propias. Compañeros y compañeras sexuales que se dejan penetrar y son invitados a penetrar al mundo del otro.   

(Imagen: Donna, Renne Magritte)

Cuando han existido vivencias agresivas, de uso y abuso, la experiencia se distorsiona, la sensibilidad se bloquea y lo normal es no sentir y protegerse. Algunas mujeres que han sido violentadas aprenden a dividirse en el acto sexual como si no estuvieran ahí.

Otras hacen como un performance dando al otro todo lo que creen que desea. Han aprendido a desconectarse de su propio cuerpo y representarse como objeto del otro. Aun en estos casos es posible reanudar el camino y recuperar una vivencia más humanizante y constructiva de la sexualidad.

El encuentro sexual adulto reactiva escenarios tempranos, anhelos de cercanía, intimidad, sensorialidad, diálogo verbal y corporal.

(Foto: Freepik)

Un erotismo global sirve de sostén al genital. A veces la capacidad para el placer genital se obstaculiza por la falta de exploración, de juego, de reconocimiento mutuo que sirva de anclaje a la sensorialidad genital.

La experiencia sexual cuando es consensuada y goza de cierta identificación con los modos y tiempos de las personas que participan de ella, reactiva una experiencia de fusión y borramiento de límites cuya vivencia es de un placer intenso y profundo.

karlarocklechon09@gmail.com