¿Puedes comer alimentos congelados aunque ya estén vencidos? A pesar de que la criogenia es una realidad y se utiliza en la ciencia para preservar objetos u organismos, la comida congelada sigue teniendo una fecha de caducidad.

Muchas veces se nos olvida sacar esta comida porque no se encuentra dentro del refrigerador y se pasa su fecha de vencimiento. ¿Si la acabo de encontrar puedo comérmela?

¿Es seguro comer alimentos congelados después de su fecha de vencimiento?

El Departamento de Salud del Gobierno del Estado de Victoria, Australia, explica que los fabricantes de los alimentos suelen escoger una fecha de caducidad mucho anterior al momento en que se espera que la comida se deteriore y eche a perder.

¿Por qué la ponen? Para que la gente consuma el producto mientras está fresco y en su mejor momento.

“Los productos congelados y enlatados tienden a mantener su calidad durante algún periodo posterior a la fecha de consumo preferente, por lo que esa fecha que ves en la tapa debe ser usada como una guía”, indica el departamento.

¿Me hará daño comer alimentos congelados después de la fecha de vencimiento?

Si te preguntas sobre el estado de los alimentos congelados una vez que pasa su etapa de vencimiento, te tenemos noticias: el Departamento de Agricultura informa que las bacterias que envenenan los alimentos no crecen en el congelador, por lo que no importa cuánto tiempo se congelen los frijoles, resultará seguro consumirlos.

Eso sí, es importante saber que ya no sabrán de la misma forma que como cuando los compraste.

“La comida que ha estado en el congelador durante meses puede estar seca o no saber tan bien, pero serán seguros para su consumo”, menciona la institución norteamericana.

En palabras de este organismo gubernamental, los productos enlatados pueden durar años, siempre que su lata se encuentre sin óxido, abolladuras o hinchazón. Por su parte, los alimentos empacados (como la pasta, las galletas o los cereales) permanecerán seguros después de la fecha de caducidad, aunque eventualmente pueden desarrollar un sabor desagradable o volverse rancios.

“Las personas sabrán cuando lleguen a ellos si pueden abrirlos o no”, apunta el departamento.