Bajar de peso es el objetivo que muchos tenemos, pero no siempre es posible conseguirlo, sobre todo porque hacemos cosas que creemos que adelgazan pero que en realidad, no funcionan.

Existen muchos mitos acerca de la pérdida de peso, porque es común querer conseguir el objetivo de manera rápida, lo que hace que creamos cualquier información que veamos al respecto.

Por ello, te diremos las 5 cosas que no funcionan para bajar de peso y las que sí te dan resultados efectivos

Cosas que crees que ayudan a bajar de peso 

De acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades en Estados Unidos (CDC), es necesario adquirir nuevos hábitos y hacer actividad física suficiente para perder peso y no recuperarlo con el tiempo.

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Pero también, es importante evitar errores que nos hacen creer que estamos adelgazando pero que en realidad, no funcionan, como:  

  • No comer carbohidratos 

Este grupo de alimentos está muy demonizado porque se cree que su consumo se relaciona con el exceso de peso, así que es uno de los primeros que se elimina al buscar perder peso.

No obstante, cuando se hace ejercicio de forma activa y no se consumen carbohidratos, es posible notar una disminución de la energía y el rendimiento, lo que conduce a que abandonemos la actividad física. 

La razón es que los carbohidratos son una fuente de energía que los músculos y el cerebro necesitan para funcionar correctamente.

Así que puedes comer carbohidratos, pero idealmente integrales y con granos, como el arroz integral, el pan de centeno o la papa, pero con cáscara para añadir fibra. Evita añadir mantequilla o salsas de crema.

  • Hacer mucho cardio 

Una de las creencias más comunes al buscar bajar de peso es que hacer mucho cardio o entrenamientos intensos es la clave para “quemar más grasa”, pero lo cierto es que basta con pequeños cambios en tu actividad física que puedas mantener a lo largo del tiempo.

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El Servicio Nacional de Salud de Reino Unido (NHS) indica que es posible aumentar el ejercicio haciendo al menos 150 minutos de actividad física por semana, como caminar rápido o andar en bicicleta.

  • Comer muchas proteínas  

Además de dejar de lado los carbohidratos, muchos optan por consumir más proteínas buscando ganar más masa muscular y reducir la grasa corporal.

Pero lo que en realidad ocurre es que comer demasiada proteína no ayuda a perder peso, al contrario, se almacena como grasa. Otra desventaja es que el exceso de proteínas puede ser una carga para los riñones.

Al respecto, un artículo de la BBC alerta que las dietas que se centran en alimentos únicos, son muy restrictivas y carecen de los nutrientes que el cuerpo necesita.

  • Comer productos “bajos en grasas” 

Se cree que son una opción más saludable, pero el problema con estos productos es que suelen tener más azúcar o sodio para compensar la pérdida de sabor que genera la reducción de grasas.

Mayo Clinic alerta que eliminar por completo las grasas no es precisamente la mejor idea cuando buscamos perder peso, ya que la grasa nos proporciona sensación de saciedad y hace que nos sintamos llenos por más tiempo. 

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En realidad, comer un producto sin grasa para reducir las calorías puede ser contraproducente, porque hará que busquemos un snack poco saludable. Opta por grasas buenas como el aguacate, las nueces, almendras y crema de cacahuate.  

  • Comer más después del ejercicio

Otra de las cosas que muchos creen que funciona para bajar de peso es comer mucho después de entrenar, pues suponen que pueden comer lo que quieran por hacer más ejercicio.

Sin embargo, para perder peso es necesario una ingesta de calorías menor a la que se gasta, de manera que al hacer ejercicio, la alimentación debe estar igual que antes o de preferencia, debe ser menor para ver resultados.

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Siempre consulta al experto

Como ves, bajar de peso va más allá de comer menos o matarte con ejercicios intensos, lo mejor siempre es que consultes con un especialista en nutrición para que haga el plan de alimentación y ejercicio ideal para ti y tu estado de salud. 

(Con información de CDC, BBC Mundo e Infobae)

Para aprender más de...Hígado graso, lo que debes saber de una enfermedad silenciosa

Conferencia Día Mundial de la Esteatosis Hepática 2022
El día 8 de junio, la Fundación Sanfer realizó una conferencia de prensa para conmemorar el Día Mundial de la Esteatosis Hepática (hígado graso), con la presencia de los expertos: La Dra. Graciela Castro Navarro (vicepresidenta de ALEH), Dra. Fátima Higuera de la Tijera (gastroenteróloga), Dr. Juan Carlos López Alvarenga (endocrinológico), el Dr. Ricardo Macías Rodríguez (fundación FundHepa), y la Mtra Viviana Linares, directora de Fundación Sanfer.
Hígado graso en México y el mundo.
La Dra. Graciela Castro Narro comparte que en el mundo, una cuarta parte de la población mundial tiene hígado graso, mientras que en México, más o menos la mitad de las personas adultas (55%) podrían padecer la enfermedad y no saberlo.
El alcohol y el hígado graso.
Si una persona tiene ya un problema metabólico (como diabetes o hipertensión) y además de eso consume alcohol de forma recurrente, tiene de 5 a 19 veces más de probabilidad de tener daño hepático y cirrosis. A esto, comenta el Dr. José Antonio Velarde Ruiz Velasco, se le conoce como daño dual.
También en los niños y jóvenes.
Los expertos calculan que un 25% de jóvenes podrían sufrir de hígado graso, y el 10% de los niños en edad primaria podrían padecer esta problemática. Además, entre más kilos de sobrepeso, un historial familiar de desórdenes metabólicos (diabetes, hígado graso) y la presencia de acantosis nigricans, puede significar presencia o riesgo de daño al hígado.
Las enfermedades cardíacas son la mayor complicación.
La Dra. Fátima Higuera de la Tijera asegura que la principal complicación y causa de muerte por un hígado graso no controlado, son las enfermedades cardiovasculares, como infartos o eventos cerebrovasculares. Un hígado graso también puede evolucionar a una inflamación hepática, una cirrosis no alcohólica o un cáncer de hígado.
Una enfermedad compleja.
El Dr. Juan Carlos López indica que los genes tienen un 40% de responsabilidad para desarrollar la enfermedad, pero no es lo único, pues los factores en el ambiente (como la alimentación y el estilo de vida), también deben estar presentes para que se genere un hígado graso o sus futuras complicaciones.
Otras enfermedades que son riesgo.
Los expertos también aseguraron que además de las enfermedades metabólicas más conocidas (como diabetes mellitus 2, hipertensión, dislipidemia, obesidad), se ha encontrado que padecimientos como síndrome de ovario poliquístico (SOP) y artritis (reumatoide o psoriásica), también son enfermedades de riesgo para hígado graso.