En mayo de 2018, la Organización Mundial de la Salud (OMS) dio la instrucción de eliminar de forma definitiva el diagnóstico de síndrome de Asperger, y ponerle otro nombre, integrándolo solamente como otra de las condiciones del Trastorno del Espectro Autista (TEA), pero su decisión no estaba relacionada con un tema de salud, sino que tenía un contexto más oscuro, uno que involucraba experimentos con menores y un vínculo con los nazis.

Fotografía: Biblioteca Wellcome, de London, publicada en el libro Los niños de Asperger, editorial Planeta

¿Por qué el Asperger no se debería de llamar así?

De acuerdo con YoTambién, detrás de la vida científica del pediatra austriaco Hans Asperger había, y sigue habiendo, un pasado sombrío con vínculos directos al nazismo alemán, un régimen de terror en el que decenas de menores fueron usados en experimentos.

Este medio señala que la decisión oficial de la OMS de remover el síndrome de Asperger de la herramienta de definición diagnóstica más usada a nivel mundial, denominada CIE-11, no fue casual, pues siguió a la que cinco años antes había tomado la American Psychiatry Association de Estados Unidos, que desde 2013 canceló los diagnósticos de síndrome de Asperger en la nación de las “barras y las estrellas”.

Sobre este tema, la investigadora de la Universidad de California Berkeley y madre de un niño con Trastorno del Espectro Autista, Edith Sheffer, mencionó lo siguiente:

“Los diagnósticos epónimos se otorgan para honrar a las personas que describen una condición por primera vez y para encomiar su trabajo como seres humanos. En mi opinión, Asperger no merece ninguno de los dos”.

Sheffer es autora del libro “Los niños de Asperger (Planeta, 2019)”, donde desvela la vida del exterminador nazi oculto tras la imagen del médico pediatra que en 1941 creó la Sociedad Vienesa de Educación Curativa junto a tres de sus compañeros “más mortíferos”.

YoTambién señala que Asperger y sus tres colegas se plantearon la meta de sincronizar el tratamiento de los niños en Viena, canalizando los esfuerzos dedicados al desarrollo infantil bajo los auspicios del Tercer Reich.

De esta manera, coordinaron -y controlaron- a diferentes especialistas: profesores de escuelas y de educación especial, psiquiatras infantiles, trabajadores sociales, directores de instituciones especiales, enfermeras y personal médico.

Esta sociedad también pudo haber tenido una misión más sombría, consideran investigadores. “La organización podría haber difundido tras bambalinas la línea de eutanasia infantil o, por lo menos, el acercamiento de las instituciones infantiles de la ciudad a Spiegelgrund”.

Foto: Yotambién.mx

Dentro de esos centros de “rehabilitación”, al que Asperger mandaba a los pequeños, se sometía a los pequeños a infinidad de pruebas y se revisaba si su falta de educabilidad y habilidad para el trabajo estaban relacionados con sus “antecedentes”: si nacían fuera del matrimonio, si tenía un padre ausente o si había sospecha de que su madre no podía lidiar con él en casa, tenían mayores posibilidades de morir.

Una gran cantidad de menores perdieron la vida por sobredosis de calmantes administrados por las enfermeras.

Asperger trabajó con las personas de mayor importancia en el programa de eutanasia de Viena, incluyendo el director de Am Spiegelgrund. La revisión documental que he realizado revela que Asperger recomendó la transferencia al centro de decenas de niños que, estando allí, perdieron la vida”, mencionó Sheffer en una entrevista con la BBC de Londres.

Los trabajos del pediatra austriaco sobre la “psicopatía autista” fueron nombrados síndrome de Asperger después de una traducción al inglés realizada por Lorna Wing, quien tiempo después se retractó y lamentó lo sucedido, informa YoTambién.

“Quisiera no haberlo hecho. Desearía tirar todas las etiquetas, incluyendo la del síndrome de Asperger, y avanzar hacia un enfoque dimensional. Las etiquetas no tienen un significado, porque existe una amplia variedad de perfiles”, dijo Wing antes de morir en 2014.

(Con información de YoTambién)