¿Estás al tanto de las consecuencias de la preocupación? Preocuparse por algo o por alguien está bien, pero cuando este sentimiento es constante y no se quita o no logras calmarte, las afectaciones se pueden presentar en tu cuerpo.

De acuerdo con especialistas, el estrés y la preocupación van muy de la mano, por lo que es importante conocer las posibles consecuencias de estos sentimientos en exceso.

¿Cuáles son las consecuencias de la preocupación?

El instituto de salud mental Newport Institute señala que hasta cierto punto, la preocupación y la ansiedad pueden ser intercambiables, ya que los dos se refieren a la incertidumbre temerosa sobre algo que puede o no suceder en el futuro.

La diferencia radica en que la preocupación suele suceder en una situación específica y se quita una vez que se resuelve el problema.

En problemas de este instituto, preocuparte también activa la misma respuesta de huida o lucha que el cuerpo puede presentar al momento de una amenaza.

Al estar respondiendo a una situación de estrés, se activa el sistema nervioso simpático y nuestro organismo se llena de energía para tomar medidas defensivas. Esto hace que se presenten las siguientes señales en nuestro cuerpo:

  • Incremento de frecuencia cardíaca
  • Tensión de músculos
  • Incremento de la frecuencia respiratoria para aumentar el oxígeno disponible

Cuidado con el estrés

Es importante controlar esta situación, porque esas pueden ser algunas de las consecuencias de la preocupación, pero el estrés puede provocar más problemas.

Mayo Clinic advierte que un estrés no controlado puede contribuir a muchos problemas de salud, como presión arterial elevada, obesidad, diabetes y enfermedades del corazón.

Algunos efectos comunes del estrés, según Mayo Clinic, son:

  • Dolor de cabeza
  • Ansiedad
  • Tensión o dolor muscular
  • Inquietud
  • Dolor en el pecho
  • Falta de enfoque o motivación
  • Alcoholismo o drogadicción
  • Fatiga
  • Sentirse abrumado
  • Tabaquismo
  • Modificaciones en el deseo sexual
  • Enojo o irritabilidad
  • Aislamiento social
  • Malestar estomacal
  • Depresión o tristeza
  • Práctica de ejercicio con menor frecuencia
  • Problemas para dormir