El desarrollo de novedosos tratamientos que pueden ayudar en la salud de las personas con diabetes, problemas neurodegenerativos y personas que han sufrido un accidente cerebrovascular hizo que tres investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) recibieran el premio Canifarma.

Dicho reconocimiento fue dado por la excelencia en investigación y es otorgado por la Cámara Nacional de la Industria Farmacéutica.


Los investigadores de la UNAM que recibieron el premio Canifarma fueron...

El ganador de la categoría Investigación Tecnológica fue el académico de la Facultad de Química Gerardo Leyva Gómez, quien calificó recibir el premio Canifarma como un aliento al trabajo en equipo y una motivación personal.

“Se trata de la mayor distinción en el área farmacéutica. Además, nos ayuda a impulsar una campaña para conocer esta enfermedad de ataxia espinocerebelosa 7 e intentar combatirla”, dijo.

Esta enfermedad es un padecimiento neurológico donde el afectado pierde fuerza en brazos y piernas, movilidad y pérdida visual; su esperanza de vida es de dos años en adultos y el tiempo de vida de los niños es menor.

Dicho padecimiento existe en cinco comunidades rurales de Veracruz y fue descrita por primera vez por el grupo que encabeza el doctor en química.

El equipo de Leyva Gómez identificó un gen mutado en el cerebro, el cual, en presencia del padecimiento, expresa en exceso una proteína que acumula agregados proteicos en un “rincón” de la célula, hasta que la perjudica de forma irremediable; causa los síntomas y luego el deceso.

Por ello, Leyva Gómez y su grupo desarrollaron una medicina para atacar a la SCA7. Es el diseño de nanoesferas de unos 200 nanómetros, en las cuales se introduce un medicamento denominado rapamicida.

“El cerebro tiene una protección natural llamada barrera hematoencefálica, que complica la llegada de agentes externos al cerebro, para protegerlo. Por esta razón es complicado que los fármacos lleguen a ese órgano. Las nanoesferas evaden esa barrera y llevan el medicamento al cerebro, donde atacamos las secuelas de la enfermedad”, explicó Leyva para la Dirección General de Comunicación Social de la UNAM (DGCS).

El primer lugar en la categoría investigación básica fue María de Lourdes Massieu Trigo, quien pertenece al Instituto de Fisiología Celular, por el hallazgo de una pequeña molécula capaz de ayudar en la reducción de las lesiones en el cerebro luego de un ACV en modelos animales. La reducción fue en 60%.

Massieu Trigo estudia las moléculas cetónicas, en especial el D-Beta-hidroxibutirato, que se generan en el cuerpo al degradar las grasas, y examina en animales el efecto protector de estas cuando se les reta a una condición de estrés, en específico a la ausencia de los azúcares o la glucosa.

Para su trabajo, Massieu examinó el impacto de dicha molécula en ratones que tuvieron una oclusión de la arteria cerebral media, lo cual les provocó un infarto cerebral isquémico. A los roedores les administraron directamente la sustancia por entre 24 y 48 horas.

Se pudo ver que en comparación con las ratas que no fueron tratadas y recibieron un volumen de lesión muy grave, los roedores que recibieron la molécula tuvieron una reducción del tamaño en un 60%.

El trabajo se realizó en colaboración con Luis Bernardo Tovar y Romo y Xóchitl Pérez Martínez.

Otro de los premios fue para José Juan Escobar Chávez, de la Facultad de Estudio Superiores Cuautitlán, quien se llevó el galardón por su segundo lugar en la categoría de Investigación Tecnológica por el desarrollo de nanopartículas de nueva generación para acarrear un medicamento y combatir la diabetes mellitus tipo 2.

El medicamento está dirigido específicamente al páncreas, por lo que consigue ser efectivo con dosis 5 veces menores de medicina, actualmente en el mercado.

Su intención, indicó para la DGCS, es desarrollar una nueva forma farmacéutica más eficiente de lo que existe actualmente y aunque la glibenclamida ya existe y se da en tabletas, su propuesta es formularla en un vehículo distinto, que serían las nanopartículas para que exista un mejor apego al tratamiento y se aproveche la dosis de mejor manera.

“Lo que hicimos fue generar nanopartículas, que involucran nanotecnología y están elaboradas con base en polímeros biodegradables que el organismo puede erradicar. Estas van cargadas con un activo en su interior, en este caso un medicamento denominado glibenclamida, que se usa para controlar los niveles de glucosa en sangre en personas con diabetes”, mencionó.