Al doctor Víctor Manuel Rodríguez Molina le decían que era un biólogo frustrado que terminó de médico. Su mayor interés reside en el funcionamiento del organismo, específicamente de aquel que dicen es el órgano maestro, el cerebro.

En su época estudiantil, a Víctor le entró la cosquilla por pasar cada vez más tiempo en el laboratorio, mundo por el cual quedó fascinado y el cual describe como completamente diferente al entorno hospitalario.

Fue así que, tras graduarse como médico cirujano por la UNAM, decidió estudiar una maestría en Ciencias Biomédicas con especialidad en Fisiología por la misma universidad, en donde se dedicó de lleno a estudiar el funcionamiento del organismo, aunque sin descuidar la medicina, pues al mismo tiempo el doctor ejercía su práctica clínica.

Posteriormente se decidió especializar en el funcionamiento del cerebro por medio de un estudio de doctorado en Alemania. Una de las condiciones de su beca para su estancia en el extranjero, era que debía estudiar un tema que no existiera en México, además, al finalizar, tendría que regresar a su país natal.

El doctor Rodríguez dedicó su doctorado a estudiar las redes neurales del cerebro, tema que él mismo explica de la siguiente forma:

Si nosotros decidimos levantar el brazo, lo hacemos en milésimas de segundo. En ese pequeño espacio de tiempo, no 10, no 20, sino miles de neuronas están llevando a cabo muchísimos procesos y eso es a lo que se dedica el que estudia las redes neurales

(Foto: Dr. Víctor Rodríguez)

El doctor que estudia las señales eléctricas de las neuronas

Yo estudio las señales eléctricas que están involucradas en el paso de información de una neurona a otra

Su campo es relativamente nuevo, pues desde hace una década ya se tiene más conocimiento acerca de las redes neurales, un tema de vital importancia en la medicina y que se enfoca en entender cómo sustituir las redes cuando ocurre una lesión en el cerebro.

Todavía no lo logramos hacer, pero ya hay indicios que empiezan a mostrarnos cómo hacerlo

El doctor explica que todos tenemos en nuestro cerebro macrorredes y microrredes. Las primeras son una especie de cableado grande que contiene nuestras neuronas y que es determinado en el nacimiento por nuestros genes.

Luego existen las microrredes, que es un cableado pequeño que está formado a partir del aprendizaje, la alimentación, el ambiente y las enfermedades. “Es como si fuera nuestra huella digital en la red neuronal”.

En esta rama, la ciencia se dedica a estudiar cómo sustituir una red neuronal si ésta se daña por una enfermedad o por una lesión en la cabeza. Aunque, advierte el especialista, las enfermedades neurológicas no se pueden curar, si se pueden manejar sus síntomas o ralentizar su progresión.

Una novedad científica en ese campo es la interfase cerebro-máquina, que se refiere a la posibilidad de que se puedan sustituir funciones alimentándose de la información del cerebro, procesándola en un chip y regresándola al cerebro.

(Foto: Especial)

La interfase cerebro-máquina, el futuro de la ciencia

El doctor dice que el gran problema del sistema nervioso es que, si una neurona o un grupo de neuronas se mueren, no existe otro grupo que las pueda reemplazar ni tampoco pueden nacer nuevas. Sin embargo, con la interfase cerebro-máquina, lo que se plantea parece sacado de una película de ciencia ficción.

Tenemos las redes neurales 1, 2 y 3, las cuales están encadenadas. Si se muere la red 2 lo que se plantea es poner un chip en medio que reciba la información de la red 1 y se la envíe a la red 3

Este año hubo dos experimentos importantes al respecto. El primero consistió en implantar ese chip en una persona con una lesión en la médula espinal y parálisis, y se logró que el chip hiciera un puente entre las redes neurales desconectadas. El segundo estudio consistió en que a pacientes con Parkinson se les logró reducir el temblor después de usar ese chip.

“Cada vez vamos teniendo más conocimiento del sistema nervioso”, lo que podría ayudar a hacer fármacos o terapias para tratar enfermedades neurodegenerativas, explicó el doctor.

Ser científico en México significa abandonar tu país y tus raíces

A pesar de su nivel de preparación, el doctor Rodríguez, como la mayoría de los científicos mexicanos, se enfrentó al mayor reto de su carrera. “México es un país que no se caracteriza por priorizar el desarrollo científico”, dijo el experto en el cerebro.

Como científico, sobre todo si se realiza un estudio en el extranjero, es muy difícil encontrar trabajo en México. Esto se puede explicar por dos razones, la cantidad de egresados supera por mucho el número de trabajos en donde se puede laborar.

El 70% de mexicanos que estudiaron en el extranjero, ya no regresan a México

“Esto es una responsabilidad conjunta de las instituciones educativas y de las gubernamentales. La ciencia requiere de muchos recursos, tanto para el estudio de la ciencia como para su aplicación”, señaló. 

En el caso particular de Rodríguez, el nivel de especialización que él tenía le jugó una mala pasada. Siendo un campo tan técnico, el científico requería de una infraestructura millonaria que ni el gobierno ni ninguna otra institución pública está dispuesta a financiar. Para Víctor es una situación triste.

Yo me preparé para algo, pero (si lo quiero ejercer) me tengo que salir de mi país, dejar mi nación y dejar mis raíces

(Foto: Especial)

Pandemia del coronavirus refleja la importancia de la ciencia

La importancia de la ciencia en la medicina es innegable, no existe una sin la otra. El problema es que el desarrollo de la ciencia y su aplicación en la medicina no es de efecto inmediato y por eso, se tiene la creencia errónea de que no sirve invertir en ciencia, señaló el académico de la UNAM.

El ejemplo más simple es el que estamos viviendo ahora mismo, la pandemia del coronavirus, indicó el neurofisiólogo.

La pandemia nos puede reflejar el efecto que tiene la ciencia para la humanidad

“Surge la pandemia y lo primero que se tuvo que hacer es conocer qué virus era, qué características tenía, como estaba estructurado el virus, cómo se transmitía, hasta que se tuvo el conocimiento para producir una vacuna", indicó.

“Cada uno de estos pasos representa trabajo científico, que no lo hacen las máquinas y que tampoco es de rutina. Fue un trabajo total y absolutamente novedoso. En un tiempo récord se pudo contar con una vacuna y en otro tiempo récord se probó la vacuna para saber que no era dañina y si era benéfica para los humanos”, continuó.

“Cuando esto sucedió, no fue sorpresa que una institución alemana o inglesa eran los primeros que empezaban a mostrar resultados. La gente estaba trabajando 24 horas continuas. Se tenía la infraestructura y el conocimiento”, finalizó. 

Surgieron la vacuna rusa, inglesa, alemana, china y después de un año la cubana. México, por otra parte, a tres años de pandemia, todavía no cuenta con su propia vacuna, pues la Patria todavía no está lista para usarse en humanos.

Para aprender más de...7 datos sobre el cerebro del bebé que quizá no conocías

El cerebro de un bebé:
Después del primer año de vida, el cerebro de un bebé ha duplicado su tamaño y para los cinco años, tendrá el 90% del volumen de un cerebro adulto pues los cerebros de los niños se desarrollan más rápido a esa edad que en cualquier otro momento de la vida. Además, pueden crear hasta un millón de conexiones neuronales por segundo.
Los primeros 2 años:
Para el correcto desarrollo de sus cerebros, es vital la conexión y el apego entre los padres e hijos. Si ésta es suficientemente buena, a los dos años el bebé habrá aprendido a formar relaciones de calidad; tener empatía y comprensión; saber divertirse y sentirse bien consigo mismo y tolerar límites, lo que significa que ya se le puede enseñar y educar.
Crea un impacto positivo en tu bebé:
La fundación Minderoo es una organización filantrópica que propone una iniciativa de cinco pasos para una infancia próspera. Plantean que para un desarrollo saludable se necesitan cinco cosas principales: conectar, hablar, jugar, un hogar saludable y una comunidad.
El desarrollo de tu bebé:
Para potenciar su desarrollo se proponen dos técnicas principales: La primera se llama “servir y devolver”: conecta, habla y juega con tus hijos. La segunda, “temprano y con frecuencia”: la cantidad de veces que debes hacer la primera técnica. Los primeros cinco años de vida del bebé son esenciales para su desarrollo físico y mental.
No es un juego de niños…
Jugar con tu bebé es una de las mejores cosas que puedes hacer por ellos porque construyes y fortaleces su relación, mejoras su salud mental y les enseñas habilidades vitales de la vida diaria como hacer amigos, presentar un examen, conseguir trabajo y hasta formar su propia familia algún día.
La ciencia detrás de los juegos.
Los juegos de imitación fomentan la empatía y la imaginación; los juegos de nombres ayudan a desarrollar el vocabulario y la atención e inclusive el juego de escondidas desarrolla la memoria y la confianza. La interacción y la relación positiva de los infantes con sus padres es primordial para formar a los adultos del futuro.
Bebés sin conexión ni apego:
Los infantes están programados para buscar conexiones significativas y el no recibirlas les genera un estado constante de estrés y confusión además les resulta difícil estar tranquilos porque no se sienten seguros y desarrollan problemas para confiar en las personas. Esos son solo algunos de los impactos negativos que el bebé va a tener que cargar de por vida.

México tiene un gran retraso científico y por eso siempre va a depender de otros países

“Tenemos un retraso enorme y muy perjudicial. Si no se invierte en ciencia, en educación, en infraestructura, si no se dan los espacios, los tiempos o los incentivos para el desarrollo científico, un país siempre va a caer en la dependencia. Va a depender de lo que hacen otros países", dijo.

El doctor hizo énfasis en la importancia de la ciencia. "Gracias a esas vacunas pudimos salir a la calle y reactivar el trabajo y evitar más muertes. Sin las vacunas, la crisis por la pandemia se hubiera alargado y quien sabe qué hubiera sucedido desde el punto de vista socioeconómico". 

A pesar del difícil panorama de la ciencia en México, el doctor Rodríguez dice con orgullo que no se arrepiente de haberse dedicado a la ciencia, de hecho, es su gran satisfacción. Otra cosa que lo llena de orgullo es haber traspasado fronteras y conocer como se hace la ciencia en otros lugares.

Otro gran orgullo es su labor como docente en la UNAM, en donde imparte la materia de fisiología en la Facultad de Medicina. Aquí, el doctor puede dedicarse a la divulgación y enseñanza de la ciencia, algo él considera un salvavidas tras darse cuenta que no podía ejercer su especialidad. 

(Foto: Especial)

La divulgación de la ciencia es igual de importante que su desarrollo

Además de tratar de ayudar a la sociedad divulgando información relevante, hubo otro factor que impulsó al doctor a dedicarse a esta rama. "En México tenemos una gran cantidad de charlatanería. Hay gente que disfraza la divulgación con el espectáculo. Cuando causa más entretenimiento que conocimiento, no es ciencia".

El doctor menciona que uno de los más grandes ejemplos de este fenómeno es la homeopatía y dice que a pesar de que la ciencia ha comprobado que estos remedios no funcionan y que incluso podrían lastimar a las personas, es un negocio con bastantes adeptos.

Pero también reconoce que los mexicanos le tenemos un poco de desapego a los expertos y preferimos ceñirnos a nuestros propios consejos o los del vecino. No solo para curar los males de salud, incluso en cosas como ir al mecánico, "preferimos moverle los cables al carro nosotros mismos", dijo.

Trivia

"Espero que algún día lleguemos a conocer todo el cerbero... y curarlo"

Dado que no hay forma de que el especialista pueda explotar su especialidad, la solución que encontró fue cambiar el objetivo de su carrera y dedicarse a la divulgación de la ciencia.

En 10 años y hasta que se retire, él espera que hablar de la ciencia y promover su importancia, esperando que aporte aunque sea un poco a la sociedad mexicana, aunque no pierda su pasión de saber si algún día llegaremos a conocer de forma absoluta al cerebro y quizá, curarlo.

El doctor Víctor Rodríguez cuenta con una página web en la que se dedica a escribir sobre ciencia. Puedes acceder a la dirección victormrodriguez.com

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