El reto más grande de su vida y su carrera ha sido la deficiencia inmunológica que presentó su hija cuando era bebé. Ningún pediatra podía identificar el problema que hacía que la niña presentara infecciones constantes. Hasta la acusaban de ser una mala madre.

Siendo médica, la doctora María Eugenia Vargas Camaño, hoy jefa del Servicio de Inmunología Clínica y Alergia del Centro Médico Nacional 20 de Noviembre del ISSSTE, no se dio por vencida hasta que encontró al especialista adecuado. Un inmunólogo identificó la afección. Se trataba de una hipogamaglobulinemia transitoria de la infancia que, por fortuna, y como su nombre lo dice, desaparece. Tal y como le dijo el inmunólogo, a los 40 meses de nacida, la bebé estaba libre de la enfermedad.

Desafortunadamente no todos los problemas relacionados con el sistema inmunológico tienen un desenlace tan favorable. Aunque la mayoría de los trastornos inmunológicos son tratables y controlables, los congénitos de origen genético no corren con la misma suerte.

 

Algunos pacientes en estos casos apenas llegan a los 15 años de edad, según informa la doctora Vargas Camaño, quien también es integrante del Subcomité Académico de Alergia e Inmunología Clínica de la Subdivisión de Especializaciones Médicas de la División de Estudios de Posgrado de la Facultad de Medicina de la UNAM.

En entrevista con SuMédico, la doctora Vargas relata como las historias personales definieron su elección de carrera, en primer término, y de especialidad, después.

Su papá no quería que fuera “hippie”

“Mi papá era médico y era una persona increíble, para mí era un hombrón, un tipazo, íntegro, de una sola pieza, de esa gente que ya no encuentra uno. Yo inicialmente no quería ser médico, a mí me fascinan las humanidades. Era una niña rara que no jugaba con muñecas. Dejé de dar lata cuando aprendí a leer, entonces me la pasaba leyendo todo el tiempo y yo quería estudiar una carrera de humanidades, historia”.

Sin embargo, a su papá no le gustó la idea. “Lo primero que me dijo mi papá fue 'eso no es carrera y no te quiero en la facultad de Filosofía. Filosofía está llena de hippies y no quiero que seas hippie. Tienes que estudiar una carrera formal'”.

Entonces María Eugenia Vargas optó por la medicina y “fue un enamoramiento desde la clínica, ver como uno aplicaba los conocimientos que había estado estudiando en la noche y yo pensaba que no me iban a servir para nada, y a la hora de aplicarlos en el paciente fue una revelación increíble que a la fecha me sigue sorprendiendo”.

Llegó a la inmunología por el problema que presentó su hija

“Todos los pediatras me regañaban, me decían que yo era una mamá descuidada, una mamá torpe, que no la cuidaba bien, que se infectaba por mi culpa. Y tenía infecciones de repetición porque tenía un defecto del sistema inmunológico”.

Ella estaba en la residencia de medicina interna y quería estudiar endocrinología o cardiología, que eran las dos especialidades que más le gustaban. Al empezar a investigar sobre inmunología se topó con un médico en el Hospital 20 de Noviembre que le explicó lo que tenía su hija, “que tenía una hipogamaglobulinemia transitoria de la infancia, que es un defecto de anticuerpos que gracias a Dios pasa; hay defectos de anticuerpos que duran toda la vida como el del niño de la burbuja”.


(Foto: Dra. María Eugenia Vargas) 

Al ver como su hija respondía favorablemente, se dijo “termino medicina interna y me voy a alergia e inmunología, y me inscribí ahí en el 20 de Noviembre para hacer la especialidad. Es una especialidad increíblemente interesante, una de las que más han evolucionado en los últimos años. Se hace un descubrimiento en inmunología cada media hora. Imagínese lo abrumador que es el mundo del conocimiento”.

La mayoría de los problemas inmunológicos son tratables o controlables

Cuando se le pide una descripción sencilla de lo que es la inmunología responde:

“Los tratamientos inmunológicos evitan que se dañen irreversiblemente algunos órganos fundamentales del organismo, como pueden ser el riñón, el corazón, el pulmón o el cerebro”.

Y cuando se le pregunta si se pueden controlar o tratar, señala:

“Sí se resuelven los problemas inmunológicos. El reto es que a las enfermedades se les aborde en forma inmunológica racional, no como las están tratando actualmente, considerando que les dan un tratamiento contra un elemento específico del sistema inmunológico, como si la enfermedad fuera causa-efecto, es decir, nada más esto está alterado y por eso tienes esta enfermedad.

“Así no es la cosa, para que se dé una enfermedad autoinmune y el espectro de las enfermedades autoinmunes es gigantesco (puede ser desde una urticaria crónica hasta un lupus eritematoso sistémico), la mayoría no son enfermedades congénitas, son enfermedades que se fueron adquiriendo en la vida, en donde varios factores influyeron en que se desarrollaran y no es solamente un elemento del sistema inmunológico el que está causando el problema.

“El tratamiento que se da generalmente inhibe la inflamación, entonces el padecimiento se controla y el paciente está bien, pero si usted suspende ese tratamiento el organismo no ha hecho la regulación ni la tolerancia y vuelve a recaer. Esos tratamientos son infinitamente mucho más costosos y la industria farmacéutica pugna porque se den”.

En su opinión, son muchos los factores que influyen en el desarrollo de la enfermedad, hay problemas inmunes relacionados con todas las especialidades médicas y por eso se deben aplican tratamientos transversales, sostiene.

(Foto: Pixabay) 

Los padecimientos de origen genético no son tratables

“Hay enfermedades que no tienen tratamiento, ni siquiera con el trasplante de células madre. Por ejemplo, el síndrome de Wiskott Aldrich, que es una enfermedad que se caracteriza por una dermatitis y por la baja de plaquetas, aparte de la inmunodeficiencia”. Es una inmunodeficiencia combinada de anticuerpos y tiene alteraciones dermatológicas muy graves, una dermatitis atópica muy grave. Estas personas viven aproximadamente no arriba de los 15 años.

Otra enfermedad que se llama ataxia también es una inmunodeficiencia combinada, pero cursa con problemas del sistema nervioso; el paciente poco a poco se va haciendo más torpe para caminar hasta que de plano no puede “y tiene vasitos, como arañitas en los ojos, en el cerebro y en todo el organismo y estos pacientes tampoco viven mucho, entre 10 y 15 años máximo de vida, con los mejores tratamientos”.

Trasplante de células madre, una opción para algunos padecimientos

Hay otras inmunodeficiencias, las combinadas graves, que se pueden trasplantar y el paciente puede sobrevivir y puede tener buena evolución. Hay que detectarlas antes de los 6 meses de vida, para hacer el trasplante.

“Son niños que nacen y se la pasan ingresando a las terapias intensivas por infecciones muy extrañas, entonces hay que trasplantarlos a la brevedad posible porque si el trasplante demora más allá de los 6 meses disminuye la posibilidad de supervivencia. La mejor supervivencia la tienen cuando el trasplante se hace antes de los de los 6 meses de edad y pueden hacer una vida más o menos normal.

¿Qué causan estos males?

“No siempre sabemos por qué se generó pero son muchos factores: la predisposición genética, la exposición ambiental en donde están influyendo todos los factores infecciosos a los que se ha sometido el individuo, el estilo de vida que incluye la dieta, la higiene, los hábitos familiares, el estrés emocional. Ahora las familias que son tan terriblemente disfuncionales por los problemas económicos, todo eso está influyendo en que haya un deterioro de la respuesta inmunológica”.

(Foto: Pixabay)

Asegura que hasta hay un premio Nobel que señala que el estilo de vida desgasta los telómeros en los cromosomas y eso va a causar muchísimos problemas.

La urticaria crónica afecta la calidad de vida tanto como una enfermedad del corazón

Se le pregunta en específico sobre el síndrome hemofagocítico, que hace 18 años tenía una sobrevivencia de 4%. Afirma que ahora ha aumentado hasta 75%. Este síndrome implica que el sistema inmunológico reacciona adversamente no solo contra los patógenos, contra lo extraño, sino contra todas las células del organismo, lo que puede provocar falla orgánica múltiple.

“Depende de la enfermedad de que se trata. Si es una enfermedad alérgica, que son las más frecuentes, como el asma, son pacientes que no pueden respirar, entonces si usted los trata adecuadamente, estos pacientes recuperan su vida y el control de todas sus actividades; la urticaria crónica se considera que altera la calidad de vida tanto como una enfermedad coronaria. Si usted resuelve una urticaria crónica, le está mejorando la calidad de vida al paciente en una forma impresionante”.

Ella tiene pacientes con lupus, otra enfermedad autoinmune, con una supervivencia más allá de los 40 años de enfermedad, es decir, la enfermedad con más de 40 años de evolución y sin daño en órganos fundamentales. “En el lupus lo primero que se acaba es el riñón, y ninguno de mis pacientes tiene problemas de riñón”.

Cuando la doctora Vargas habla de las mayores satisfacciones de su vida no lo duda:  trabajar en el hospital 20 de noviembre.

(Foto: Dra. María Eugenia Vargas) 

El servicio que encabeza fue reconocido como centro de excelencia por la Organización Internacional de Alergia, con vigencia hasta el 2022 “y el reto es que nos den nuevamente el reconocimiento del Centro de Excelencia a partir del 2023”.

Otro de sus grandes proyectos es la creación de Centro Interinstitucional para Diagnóstico y Tratamiento de Angioedema.

“Hay otra enfermedad que es muy poco frecuente pero que representa una carga muy fuerte para los pacientes, que se llama angioedema hereditario, se caracteriza porque hay un defecto enzimático y esto provoca que sin motivo se hinchen diferentes partes del cuerpo”.

Indica que si se les hincha el labio o la cara a los niños es muy grave porque se burlan de ellos en la escuela; también puede haber haber episodios abdominales muy graves donde es terrible el dolor y tienen que hospitalizarse. “Y  lo más grave, todos los pacientes que yo tengo detectados en el Hospital 20 de Noviembre tienen un ancestro que falleció por la complicación de este angioedema hereditario. Se le cerró la garganta, le dio un angioedema laríngeo y falleció.

Para abordar este tipo de afecciones, la doctora Vargas informó que ya están en pláticas con el Instituto Nacional de Pediatría “y para empezar, tenemos  apoyo de la industria farmacéutica y de centros de angioedema de Alemania y de Hungría. Entonces yo creo que el proyecto puede avanzar muy bien. De momento, pues la pandemia obstruyó este desarrollo, pero ya estaba programado para hacer para que estos pacientes tengan acceso al diagnóstico y un poquito más de acceso al tratamiento, porque los tratamientos son muy caros”.

Sería un apoyo invaluable toda vez que una ampolleta para una crisis de angioedema hereditario cuesta 30 mil pesos.

También con el propósito de que todos los pacientes con males inmunológicos tengan acceso al tratamiento, un grupo de médicos presentó una propuesta en la Cámara de Diputados para que puedan incluirlo en la ley y sea obligatorio proporcionar los tratamientos.