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El médico que ha realizado más de mil trasplantes durante 30 años

El doctor Javier Castellanos Coutiño es considerado el pionero del programa de trasplantes en el ISSSTE y fue director del Hospital 20 de Noviembre

SUSANA CARRASCOMay 15, 2022 
Tiempo de lectura: 10 mins.
Foto: Especial

Javier Castellanos Coutiño tiene una experiencia médica en trasplantes de más de 30 años y recuerda con orgullo su primer trasplante de riñón, al que le seguirían muchos más. Tenía solo 32 años cuando, becado por la institución en la Universidad de Minessota, Estados Unidos, regresó a México para iniciar las primeras operaciones de trasplante de riñón en el organismo.

"Volví del extranjero en noviembre de 1974. En febrero de 1975 ya hacía mi primer trasplante de riñón”, dice en entrevista con SuMédico.

El doctor Castellanos recuerda que con el apoyo de la Universidad de Minnesota, se empezó un programa de trasplantes en México y el primer paciente fue un joven que sobrevivió más de 40 años. “Fue campeón mundial de sobrevivencia de trasplantes”, dice el experto. 

(Foto: Dr. Javier Castellanos Coutiño) 

“Aquel joven que trasplantamos en el 75 murió de otra causa y logró ser un joven que pudiera casarse, por cierto, se enamoró y se casó con una de nuestras enfermeras, tuvieron hijos que fueron universitarios. Él llegó a ser abuelo y tuvo una extraordinaria calidad de vida”, agrega orgulloso.

Realizó más de mil trasplantes en el país y el extranjero

Castellanos es considerado el pionero del programa de trasplantes en el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE). Con más de mil trasplantes realizados en el país y otros más en el extranjero, Castellanos Coutiño es integrante de la Academia Mexicana de Cirugía, fue director del Hospital 20 de Noviembre del ISSSTE, subsecretario de Salud federal y secretario de Salud en Chiapas.

Ha ocupado la presidencia de la Sociedad Panamericana de Trasplantes y la Sociedad Mexicana de Estudios Oncológicos; asimismo ha sido miembro titular de la Academia de Diurética y Cirugía, mientras que en Roma recibió el reconocimiento de la Sociedad Internacional de Trasplantes y la Medalla del Milenio.

Actualmente se desempeña como Director Médico Corporativo del Grupo de Hospitales MAC

“Soy médico general egresado de la UNAM, de la Facultad de Medicina. Al terminar como médico general opté por hacer una residencia de Cirugía General y después completé mi posgrado en cirugía oncológica”, cuenta.

“Fui jefe de residentes del Hospital 20 de noviembre y en la Universidad de Minnesota en Estados Unidos hice cirugía avanzada y cirugía de trasplantes de órganos. Después de tantos años de preparación hice un programa de trasplantes en el 20 de noviembre, donde tuve extraordinarios profesores en mi época de residencia, extraordinarios dirigentes y mentores”, puntualiza.

La vocación y sentido social de sus padres fue su inspiración

El experto en trasplantes es de origen chiapaneco, de un pueblo llamado Chiapa de Corzo. Hijo de maestros rurales, el doctor Castellanos recuerda que creció en una población sin servicios médicos o muy limitados.

“Mis padres tuvieron una enorme vocación y sentido social de la vida por su profesión como maestros rurales y eso sin lugar a dudas fue un elemento fundamental para convertirme en médico”.

“Chiapas es rico en ríos y montañas pero tiene un fuerte problema de economía. En ese entonces, en los 40, me calaron mucho los grandes problemas de la sociedad chiapaneca. Admiré mucho a un doctor de apellido Pastrana que se movía en una bicicleta muy modesta, con su maletín y tratando de resolver los problemas de salud”, recuerda. 

“No podía darme el lujo de fallar”

Castellanos venía de un hogar con limitantes económicas y por ello, el especialista dice que no podía darse el lujo de fallar, así que desde el primer día de la escuela de medicina, asegura que se dedicó al 100% a la lectura de los libros, a las clases y salió de la Facultad con un promedio de 10.  

Además, fue maestro ayudante desde el tercer año de la carrera hasta el final y recuerda que su vocación era ser médico internista. “Podía haberlo hecho en grandes hospitales pero prefería hacerlo en mi estado, en Chiapas, así que hice el internado en un hospital sencillo de Tapachula y mi servicio social en una comunidad en la Costa de Chiapas”, explica.


Ahí conoció, según cuenta, a un enorme cirujano que había sido médico en la Ciudad de México y quien lo tomó bajo su tutela, lo hizo operar y poco a poco fue alejándose de su vocación inicial de ser médico internista para convertirse en cirujano.

“Cuando decidí ser cirujano solicité al Centro Médico Nacional mi ingreso a la residencia y me prepararon tres cirujanos: el doctor José María Zubirán, el doctor Octavio Montañez y el doctor Eduardo Echeverría Álvarez”, relata.

“Ellos tres me adoptaron y me condujeron en la cirugía general pero yo quería regresar a Chiapas, mi sueño era volver y no quería regresar solo con la cirugía general porque en México está muy orientada a la parte de gastroenterología, apéndices, vesículas, etcétera, entonces solicite al doctor Echeverría, que era el jefe de la división, que pudiera seguir en el área de cáncer porque me ofrecía la posibilidad de hacer cirugía más grande, radical y completa”, asegura.

Cuando ya se sentía listo para volver a Chiapas, el doctor Echevarría le dijo a Castellanos que no podía irse, que debía hacer cirugía avanzada y cirugía de trasplantes.

“Me sonreí y le dije ‘maestro, tengo una vocación quirúrgica de quitar y quitar y usted me está invitando a una cirugía de poner y poner’”, cuenta entre risas.

Ahí fue donde se le otorgó la beca a Minnesota y el experto se fue del país bajo la tutela del doctor Richard Lilly, quien fue el introductor de la cirugía extracorpórea que ya implicaba abrir el corazón; también fue quien hizo los primeros trasplantes de páncreas e intestino y quien describió los mecanismos del shock séptico.

“No solo me enseñó sobre trasplantes, un día me dijo algo que no puedo olvidar jamás. Me agarró de los hombros y me dijo ‘nunca dejes de ser humilde, porque la soberbia solo es la máscara del ignorante’. Esa frase me abrió el corazón y me dio a entender muchas cosas” recuerda el médico chiapaneco.

Luchó por conseguir órganos de pacientes que fallecían en hospitales

Desde su primer trasplante en febrero del 75, el cirujano recuerda que fue apasionante convivir con los nefrólogos en las unidades de diálisis, pero sobre todo darse cuenta de la cantidad de gente que sufría de insuficiencia renal y que pasaba la vida con hemodiálisis hasta morir, todo con una limitación brutal en cuanto a su vida familiar, social y de trabajo.

(Foto: Pixabay) 

En contraste, veía cómo el paciente trasplantado a las pocas semanas estaba reincorporado a su vida íntegramente.

“Ver eso como médico es fantástico y a mí personalmente me impresionó muchísimo, por lo que perseguimos mucho tener programas en México para obtener órganos de cadáver de pacientes que fallecían en un hospital y que ya no tenían salida. Veíamos la posibilidad de conseguir córneas, riñón, corazón, hígado, en fin, de ampliar el programa de trasplantes a mucha gente que lo necesitaba y que lo sigue necesitando”, destaca. 

Después de muchos esfuerzos, se creó el CENATRA

El doctor recuerda que, personalmente, le dolía mucho cuando un niño enfermaba del riñón y se le tenía que quitar este órgano a otro niño sano para poder hacer el trasplante, muchas veces a su hermano. “Es un acto generoso hermosísimo, pero también una limitante gravísima”, subraya. 

Por otro lado, Castellanos señala que el Código Sanitario no contemplaba el tema de los trasplantes y su mayor preocupación era promoverlo junto con otros colegas, pero siempre cuidadosos de los aspectos éticos legales pues, según cuenta, “un par de espléndidos cirujanos oftalmólogos en México tuvieron líos legales severos por conseguir corneas en su momento”.

“Seguimos necios y por fortuna en el 85 se hace la Ley General de Salud con un artículo decimocuarto que incorpora ya trasplantes, pero yo todavía me quedé inquieto porque no era muy claro para hacer un programa de donación de órganos de cadáver en México”, dice.

(Foto: Freepik) 

Después de seguir luchando, lograron incorporar a la ley el concepto de muerte cerebral que abrió la posibilidad real de donación y así se creó lo que es ahora el Centro Nacional de Trasplantes (CENATRA) y el Consejo Nacional de Trasplantes.

“La salud es lo más valioso que tiene el ser humano”

Sin embargo, otra de las preocupaciones del experto en trasplantes era tener una institución que tuviese una vocación social y una regulación, procesos de enfermería, internos, enseñanza y capacitación del personal.  

“La salud, a diferencia de una ropa o calzado, es lo más valioso que tiene el ser humano. La preocupación que tiene una familia cuando alguien enferma es enorme, por ello los médicos debemos construir mucha empatía, ser muy solidarios con quien llega, por ejemplo, con su hijo en brazos o su familiar para internarse”, asegura.

“Una empresa sobre todo en salud, que trabaja alrededor del prestigio y del buen servicio debe de trabajar en la seguridad y la buena atención y ello depende de una buena enseñanza, de una buena investigación y por supuesto de una cultura humana adecuada”, agrega.

Juegos Olímpicos de pacientes trasplantados

En el año 2000 en Roma, el doctor Castellanos recibió la Medalla del Milenio como pionero de trasplantes en el mundo, un premio que se otorga a escasos médicos a nivel internacional y que hasta ahora, el experto es el único latinoamericano en recibirlo. “Me siento orgulloso”, asegura.

Pero a pesar de todos los reconocimientos y el prestigio que tiene en México y el extranjero en el tema de trasplantes de órganos, el experto asegura que su mayor satisfacción es ayudar a sus pacientes. 

“De hecho formamos parte también de un grupo que inició con Juegos Olímpicos para pacientes trasplantados en Inglaterra. No se trataba de ganar los 100 metros o romper récords en nada, se trataba de ver correr a gente que estaba condenada a morirse y con esto demostrarle al mundo que la ciencia era ya capaz de sustituir órganos y restituir la salud y la vida productiva de un ser humano”.

“Mi orgullo es que mis pacientes me digan que volvieron a nacer después de un trasplante”, concluye.  

Trivia

 

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