Todos hemos sentido un dolor de estómago o inflamación en algún momento y aunque son padecimientos muy comunes, expertos señalan que no deben pasarse por alto, ni confundirse con otros problemas como la gastritis, ya que afectan seriamente la calidad de vida. 

El doctor Víctor Hugo Mundo Cuervo, médico por la Escuela Superior de Medicina del Instituto Politécnico Nacional (IPN) explica en entrevista con SuMédico que los trastornos gastrointestinales son muy comunes y por desgracia, muchas veces se confunden con gastritis

Entre los que destacan están la dispepsia funcional y el síndrome de intestino irritable, los cuáles se denominan trastornos gastrointestinales funcionales, debido a que no surgen por un trastorno orgánico que se detecte en un examen médico en los órganos como el intestino, el esófago o el intestino.

Trastornos gastrointestinales funcionales son comunes en mexicanos

Se podría decir que la principal característica es que no hay un daño a nivel orgánico como tal, pero la función de los órganos si está alterada.

(Foto: freepik) 

“Los médicos hacemos el diagnóstico por exclusión, es decir, vemos que no hay tumor ni ninguna otra causa que esté originando los problemas, pero vemos que no está funcionando adecuadamente, detalla el también director médico de la división de Consumer Health de Bayer de México.

Según el experto, se estima que 1 de cada 5 personas en México sufren de dispepsia funcional, que equivale a un 20% de la población.

Mayo Clinic señala que la dispepsia funcional es un término para los signos y síntomas recurrentes de indigestión que no tienen una causa obvia. También se le llama dolor de estómago no ulceroso o dispepsia no ulcerosa.

Esta molestia puede durar mucho tiempo, aunque los signos y síntomas son en su mayoría intermitentes

Por su parte, el síndrome de intestino irritable, según el doctor Mundo, afecta hasta a un 40% de las personas, es decir 4 de cada 10 personas lo experimentan o lo han hecho alguna vez. 

Estos trastornos no ponen en peligro la vida, pero sí afectan el bienestar y la calidad de vida de quienes lo padecen, o sea, una persona no puede desempeñar sus actividades de forma normal porque está afectada con este tipo de trastornos.

¿Cómo reconocerlos? Signos y síntomas

En el caso de la dispepsia funcional, el experto detalla que los pacientes refieren que se sienten muy llenos después de comer, incluso si comieron poco o no terminaron la porción de siempre. También suelen tener ardor o dolor en la boca del estómago. 

“Muchas personas que tienen ardor y dolor en el estómago inmediatamente lo relacionan con gastritis, pero estos síntomas se relacionan con la dispepsia funcional y pueden ser persistentes hasta por un año”, agrega.

En el caso del síndrome de intestino irritable el médico señala que tiene una característica muy especial que es sentirse inflamado, con muchos gases y eructo, con molestia en el abdomen. 

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Pero además, hay cambios en los hábitos para ir baño, es decir, hay inflamación y se acompaña de diarrea o estreñimiento o en algunos casos se pueden combinar ambas molestias.

Al síndrome de intestino irritable se le conoce de muchas formas, pero sobre todo se confunde con colon irritable o colitis nerviosa, donde el principal detonante es el estrés.

“Los nervios pueden volverse más activos durante momentos de estrés, lo que puede provocar que los intestinos sean más sensibles y se compriman o se contraigan más”, explica la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos.

Agregan que este síndrome puede presentarse a cualquier edad, aunque es más común en la adolescencia o a principios de la vida adulta. Además, es dos veces más frecuente en mujeres que en hombres.

¿Qué causa los trastornos intestinales funcionales?

Entre los principales factores de estos trastornos se encuentra la mala alimentación, no comer a las horas que debemos, no tomar suficiente agua y el ritmo acelerado de vida, que no permiten una adecuada digestión ni que se lleven a cabo las funciones normales del cuerpo, incluyendo las del aparato gastrointestinal

“Debido a que se trata de trastornos funcionales hay una alteración en la conexión cerebro intestino y viceversa, por lo que no se dan las señales para que funcione adecuadamente y si se agregan los detonantes como el estrés y la mala alimentación surgen las molestias”, subraya el doctor Mundo.

(Foto: freepik) 

Ante síntomas de estos trastornos lo más importante es acudir al médico y hacer cambios en el estilo de vida, priorizado hábitos saludables como: 

  • Dormir bien
  • Alimentarse de forma saludable y equilibrada 
  • No comer demasiados carbohidratos y grasas
  • Tomar abundante agua natural
  • No tomar exceso de bebidas azucaradas
  • Hacer ejercicio todos los días 
  • Reducir el estrés con técnicas como yoga o meditación

Existen tratamientos, pero lo mejor es la prevención

De igual forma, el experto señala que existen opciones de tratamiento con extracto de plantas como manzanilla, hojas de limón y fruto de cardo mariano, que son medicamentos de venta libre (Iberogast) que han demostrado propiedades para aliviar los síntomas como pesadez, dolor abdominal, inflamación, cólicos, gases o eructos

Por su puesto, las personas menores de 12 años ni embarazadas o que dan pecho no pueden tomar este tipo de tratamientos sin consultar antes al especialista.

Tampoco si se padecen problemas en el hígado, porque hay un metabolismo a nivel del hígado de estos productos que podría causar efectos secundarios negativos.

“Desafortunadamente en nuestro país hacemos mucha medicina curativa, ya que las cosas pasaron pero lo más importante es la prevención”, puntualiza.

Para aprender más de...4 alimentos que no debes comer si tienes 50 o más

¿Por qué hay que cuidar la alimentación?
Al alcanzar los 50 años, las personas suelen sufrir cambios importantes en su organismo, que llegan a alterar la forma en que su metabolismo funciona, haciéndolo más lento, y aumentando sus probabilidades de padecer sobrepeso y obesidad.
(Información de Asociación Americana de Personas Retiradas, AARP.)
Hay alimentos no recomendados tras los 50.
Debido a estas alteraciones en el metabolismo, es muy importante cuidar la alimentación, procurando incluir más alimentos de cierto tipo en la dieta, y evitando consumir otros que, lejos de hacer bien, estarían perjudicando al organismo.
Bebidas azucaradas.
Tanto refrescos como tés embotellados contienen muchos azúcares refinados, que se pueden almacenar en forma de grasa corporal y aumentan los riesgos de padecer obesidad; además, un estudio de la Universidad del Sur de California encontró que consumir de forma regular esta bebida (una al día), aumenta hasta un 78% el riesgo de cáncer de hígado.
Frituras.
Con gran cantidad de grasas saturadas, alteran los niveles de colesterol en la sangre, que al ser elevados, pueden incrementar los riesgos de padecer problemas de tipo cardíaco, e incluso problemas de tipo cerebrovasculares, como derrames.
Alcohol.
Debido a que el metabolismo se ha vuelto lento, la forma en que el alcohol se procesa también se ha alterado, y deja a los mayores de 50 años mucho más susceptibles a los impactos negativos que cualquier bebida con alcohol puede tener, incluida la deshidratación, riesgos de caídas, e inclusos trastornos neurológicos.
Comida instantánea o procesada.
Estos productos pueden ser altos en sodio y en grasas trans, lo que podría incrementar los riesgos de padecer o complicar enfermedades y condiciones de salud como la hipertensión o los niveles altos de colesterol en sangre.