Lo que hace unas décadas era considerado un procedimiento heroico y experimental, hoy es una realidad cotidiana en los hospitales mexicanos. Así lo expuso el secretario de Salud, David Kershenobich Stalnikowitz, durante su participación en la conferencia mañanera, donde presentó un balance de la actividad de trasplantes en el país y los avances tecnológicos que han permitido su generalización.
Gracias a los progresos en inmunología, farmacología y la organización de los sistemas de salud, México ha logrado estandarizar los trasplantes de órganos, con resultados que antes parecían inalcanzables. En lo que va de 2026, solo en los centros de alta especialidad se han realizado 80 trasplantes, con una distribución casi equitativa entre donadores vivos y fallecidos, y con sobrevidas que superan los 20 años en muchos casos.
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Las cifras: 80 trasplantes en centros de alta especialidad
Kershenobich detalló que, durante 2026, los Institutos Nacionales de Salud y otros centros de alta especialidad han llevado a cabo 80 procedimientos de trasplante. De ellos, 32 corresponden a trasplantes de riñón, con una característica particular: prácticamente la mitad provienen de donador vivo y la otra mitad de donador fallecido.
En el caso de hígado, se han realizado 24 trasplantes, incluyendo modalidades con donador vivo, donde un padre o una madre dona una parte de su hígado a un hijo, y ambos se recuperan con normalidad. Además, se han efectuado trasplantes de corazón, páncreas, córnea y hematopoyéticos (de médula ósea), estos últimos con características distintas a los de órganos sólidos.
El secretario destacó que estos números reflejan no solo la capacidad instalada, sino la consolidación de una política de salud que ha logrado que los trasplantes dejaran de ser procedimientos excepcionales para convertirse en parte de la cartera de servicios de salud en múltiples instituciones.
La importancia de los laboratorios de histocompatibilidad
Detrás de cada trasplante exitoso hay una pieza clave que el secretario puso en el centro de su exposición: los laboratorios de histocompatibilidad. Estas unidades son las encargadas de realizar las pruebas que determinan si un órgano puede ser aceptado por el receptor sin riesgo de rechazo.
Kershenobich recordó que el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición "Salvador Zubirán" fue pionero en esta área desde 1988, cuando coordinaba pruebas para 13 centros de trasplante y 4 centros de trasplante de células progenitoras, atendiendo al 24% de la demanda nacional.
Hoy, esos laboratorios han sido renovados y ampliados. Realizan paneles mucho más extensos de compatibilidad entre donador y receptor, lo que garantiza una seguridad antes inexistente. "Anteriormente había muchas dudas si se rechazaba y la sobrevida era de uno o dos años. Actualmente la sobrevida es arriba de los 20 años en los pacientes trasplantados", subrayó el funcionario.
Trasplante cruzado y cadenas de donación: La nueva frontera
Uno de los puntos más destacados de la exposición fue la explicación sobre cómo la histocompatibilidad ha permitido ir más allá del trasplante tradicional entre familiar directo.
En el trasplante cruzado, una persona que quiere donar un órgano a un familiar, pero no es compatible con él, puede ceder su órgano a un banco. A cambio, su familiar recibe un órgano de otro donante en la misma situación, que sí sea compatible. Es un intercambio que multiplica las posibilidades de éxito.
Pero el verdadero salto son las cadenas de donación. Kershenobich explicó que, a partir de estas bases de datos y la búsqueda de compatibilidades, se pueden conectar múltiples parejas donante-receptor en una sola cadena. "Se pueden llegar a trasplantar 10 o 15 riñones de varias parejas que se van preparando en la base de datos", señaló.
Esto transforma por completo la lógica del trasplante: ya no se trata de un acto aislado entre dos personas, sino de una red solidaria que maximiza el aprovechamiento de los órganos disponibles.
Seguridad y certeza para donadores y receptores
El secretario insistió en un punto clave para fomentar la donación: la certeza. Cuando una persona decide donar un órgano, necesita tener la garantía de que su gesto tendrá un resultado satisfactorio. Los laboratorios de histocompatibilidad, con su capacidad para confirmar la compatibilidad y evitar el rechazo, son los que proporcionan esa seguridad.
"Eso es lo que le da la certeza a la persona que va a donar un órgano de que su órgano va a tener un resultado muy satisfactorio", afirmó Kershenobich. En un país donde la cultura de la donación aún enfrenta resistencias, contar con sistemas que garanticen el éxito del procedimiento es tan importante como la propia voluntad de donar.
Más trasplantes, más vidas
Los avances existen, la tecnología está disponible y los equipos médicos están capacitados. Sin embargo, el límite sigue siendo el mismo: la disponibilidad de órganos.
Cada trasplante exitoso es la combinación de ciencia, organización y generosidad. Y aunque México ha avanzado en los dos primeros factores, el tercero sigue siendo una asignatura pendiente. Las nuevas modalidades de trasplante cruzado y las cadenas de donación pueden ayudar a optimizar los recursos existentes, pero no reemplazan la necesidad de más donadores.
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