Existen muchos factores de riesgo para un ictus o un accidente cerebrovascular, mejor conocido como infarto o derrame cerebral, pero recientemente se encontró que hay un tipo de sangre que se relaciona más con esta complicación de salud.

Así lo afirma un nuevo meta-análisis publicado en la edición online de Neurology, una revista especializada de la Academia Americana de Neurología.  

Según detalla Infosalus, el meta-análisis incluyó datos de estudios genéticos que incluían el ictus isquémico en adultos jóvenes y que es causado por un bloqueo del flujo sanguíneo del cerebro.

El tipo de sangre que aumenta el riesgo de ictus temprano

Braxton D. Mitchell, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Maryland, en Estados Unidos y autor del estudio señala que los tipos de sangre que no son O se habían relacionado antes con el riesgo de ictus temprano.

(Foto: Pexels) 

Sin embargo, los resultados del nuevo estudio mostraron una relación más fuerte entre esos tipos de sangre (los que no son O) con el ictus antes de los 60 años en comparación con el evento cerebrovascular que se presenta después de esa edad. 

También encontraron una mayor vinculación del riesgo sobre todo con el tipo de sangre A, asegura el investigador.

"En concreto, nuestro meta-análisis sugiere que las variantes genéticas vinculadas a los tipos de sangre A y O representan casi todas las vinculadas genéticamente con el ictus temprano”, agrega.

Mitchell destaca que las personas con estas variantes genéticas pueden ser más propensas a desarrollar coágulos sanguíneos, que pueden provocar un ictus.

Con sangre tipo A se tiene un 16% más riesgo de ictus

Cabe señalar que durante el estudio los investigadores examinaron todos los cromosomas para identificar las variantes genéticas asociadas al ictus y encontraron una relación entre el ictus temprano y la zona del cromosoma que incluye el gen que determina el tipo de sangre A, AB, B y O. 

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Descubrieron que las personas con ictus tempranos o antes de los 60 años, tenían más probabilidades de tener el tipo de sangre A y menos de tener el tipo de sangre O en comparación con las personas con ictus tardíos o después de los 60 y las personas sin ictus.

Después de ajustar el sexo y otros factores, los investigadores descubrieron que los que tenían el tipo de sangre A tenían un 16% más de riesgo de sufrir un ictus temprano que las personas con otros tipos de sangre. 

Asimismo, los que tenían el tipo de sangre O tenían un 12% menos de riesgo de sufrir un ictus que las personas con otros tipos de sangre.

¿Cuáles son los síntomas de un ictus?

La Clínica Universidad de Navarra señala que el ictus o accidente cerebrovascular es una de las causas más importantes de incapacidad permanente del adulto y de muerte. Además, puede provocar secuelas que afectan de manera importante la calidad de vida.

Los síntomas de un ictus que se presentan con mayor frecuencia incluyen:

  • Pérdida de fuerza en la mitad del cuerpo (cara, brazo y pierna del mismo lado)
  • Dificultad para hablar
  • Pérdida de sensibilidad u hormigueos en la mitad del cuerpo
  • Pérdida súbita de visión en un ojo
  • Dolor de cabeza muy intenso distinto del habitual

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Los factores de riesgo que aumentan la posibilidad de sufrir un ictus, son la diabetes, hipercolesterolemia, tabaquismo, enfermedades cardiacas, presión arterial elevada, obesidad y sedentarismo.

Es importante destacar que existen dos tipos de ictus o accidente cerebrovascular:

  • Infarto cerebral

Ocurre cuando hay una obstrucción del flujo sanguíneo de una arteria, lo que origina una disminución del riego sanguíneo en esa parte del cerebro.

“Aproximadamente, el 75% de todos los ictus son infartos cerebrales. Sus consecuencias en el cerebro suelen ser catastróficas, y los síntomas producidos muy incapacitantes”, alerta la Clínica Universidad de Navarra. 

  • Hemorragia cerebral 

Es provocado por la rotura de una arteria en el cerebro, lo que comúnmente se conoce como derrame cerebral.

(Foto: Pixabay) 

La Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos señala que es fundamental tratar los ataques cerebrales lo más rápido posible para evitar secuelas y la muerte.

Los anticoagulantes pueden usarse para detener un derrame cerebral mientras está ocurriendo, disolviendo en forma rápida el coágulo de sangre.

La rehabilitación tras un accidente cerebrovascular puede ayudar a las personas a superar las discapacidades causadas por la apoplejía, o ataque cerebral.

(Con información de Infosalus, Clínica Universidad de Navarra y MedlinePlus)

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