“Me ponía una peluca para ir a trabajar y aunque seguía siendo funcional, me corrieron cuando dije que tenía cáncer”, explica Jimena, quien antes de sufrir discriminación por cáncer y el despido por su enfermedad, era candidata a un ascenso en su empleo.

Carlos es otro caso que vio interrumpida su vida laboral por el diagnóstico y por haber avisado a sus jefes de su cáncer testicular.

“Uno de mis amigos me dijo en buena onda: ‘mejor no les digas a los jefes que estás enfermo’, pero los tratamientos para cáncer exigen mucho físicamente y llegó un punto en el que ya no podía laborar como antes”, lamenta.

Ellos dos son solo unos cuantos de las personas que han sufrido discriminación por cáncer, una situación que afecta a más del 40% de los individuos con tumores cancerígenos en su cuerpo.

La discriminación por cáncer es real y casi no se habla de ello

En palabras del Coordinador de la Unidad de Investigación en Psicología del Instituto Nacional de Cancerología (INCan), Oscar Galindo, hasta el 50% de los pacientes con cáncer tienen problemas en sus trabajos cuando comentan la presencia de la enfermedad.

“A partir de la pandemia, el porcentaje de pacientes supervivientes que se ven en la atención psicológica, fue de aproximadamente un 50%. En estos pacientes generalmente se ven síntomas de ansiedad y depresión, pero esto se modifica en pacientes sobrevivientes. Ahí lo que se da también es el miedo a la recurrencia”, explica el doctor Galindo para Sumedico.com.

Durante el Foro “Cáncer y Trabajo”, el especialista detalló que a las personas con cáncer y problemas de ánimo o psicológicos se les deben atender ambas situaciones en conjunto y no una primero y la otra después.

“En el INCan pueden ir directamente los pacientes con ese control”, abunda el experto.

Las personas son funcionales y en muchas ocasiones pueden seguir con sus trabajos como de costumbre, pero es cuando dan la noticia de que tienen cáncer que los estigmatizan y los rechazan.

Tener un diagnóstico de cáncer pone a las personas en un riesgo laboral que incluye situaciones como la pérdida del trabajo con todo lo que eso conlleva en el ámbito del bienestar y lo económico.

¿Lo peor de todo? Que su decisión de trabajar durante y después del tratamiento depende de sus recursos financieros, del tipo de actividad que se lleva a cabo y de las exigencias del mismo. Otras personas deciden abandonar sus actividades por completo y regresan después del tratamiento activo… si los admiten.

¿La excusa que ponen las empresas? Que su trabajador se puede morir en las instalaciones y esto puede suponer un problema muy grande para la empresa, incluyendo aparición de demandas y exigencias económicas.

“Falta mucha empatía hacia nosotros… hacia los que tienen esta enfermedad y deciden seguir trabajando. Se le pide a los jefes que vean más por las personas en nuestra situación, porque esto es una rueda de la fortuna y ahorita somos nosotros, pero muchas veces no se piensa lo que se hará o pasará cuando sean ellos si llegan a serlo”, indica Carlos.

Algunas consecuencias de la discriminación por cáncer incluyen:

  • Toxicidad financiera
  • Quiebra
  • Control deficiente de los síntomas
  • Falta de apego al tratamiento
  • Muerte prematura

¿La opción? Seguir cuando nadie cree que pueden

De acuerdo con especialistas, una proporción de personas afectadas por cáncer deben seguir trabajando porque su seguro médico se encuentra asociado con su trabajo, a pesar de que informan problemas y limitaciones en su salud mental y física.

Sin embargo, una investigación encontró que los individuos que sobreviven al cáncer tienden a ser igual de productivos y a tener una cifra comparable de días ausentes como los que no se ven afectados por este padecimiento.

Durante el evento, organizado por Fundación Fomento de Desarrollo Teresa de Jesús, I.A.P, VaPorTi, el Instituto Nacional de Cancerología (INCan) y Grisi, los ponentes explicaron que hasta el 85% de los pacientes diagnosticados con cáncer sigue trabajando durante el tratamiento o vuelven después de que termina su atención.