DÍA MUNDIAL DE LA OBESIDAD

“Pensé que era magia”: la historia de Sara con los medicamentos GLP-1 para bajar de peso

Los análogos de GLP-1 se popularizaron recientemente como una opción para perder peso; sin embargo, especialistas alertan que no curan la obesidad por sí solos y que tampoco son recomendables para todos

La obesidad es un problema complejo que, según la OMS, tiene raíces genéticas, psicológicas, socioculturales y ambientales. Por ello, un tratamiento exitoso debe ser integral.
Día Mundial de la Obesidad.La obesidad es un problema complejo que, según la OMS, tiene raíces genéticas, psicológicas, socioculturales y ambientales. Por ello, un tratamiento exitoso debe ser integral.Créditos: Canva
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Sara comenzó a notar los cambios en su cuerpo, poco a poco sintió que los pantalones le apretaban y que las blusas le quedaban más justas. Los cambios hormonales relacionados con la menopausia y la falta de actividad física empezaron a hacer de las suyas en su salud. Fue así que decidió probar suerte con los tratamientos conocidos como análogos de GLP-1 y aunque bajó de peso, fue a costa de su salud y de un golpe a su bolsillo. 

“Yo, la verdad,  pensé que ese medicamento como por arte de magia te quitaba el hambre”, relató Sara, quien vio en estos tratamientos una esperanza para bajar de peso, aunque ahora piensa que no son para todas las personas.

El 4 de marzo se conmemora el Día Mundial de la Obesidad, con el objetivo de generar conciencia sobre este problema de salud y los riesgos que conlleva, como diabetes, hipertensión y otras enfermedades crónicas. En los últimos años, el mundo ha sido testigo de lo que muchos consideran una "revolución" en la lucha contra la obesidad: la llegada de fármacos conocidos como análogos de GLP-1, que han inundado las redes sociales en donde muchas personas los presentan como una solución que pareciera "mágica" para perder peso, muchas veces fomentada por los cambios que han presentado figuras públicas famosas.

Sin embargo, detrás de la imagen de actrices y cantantes que tenían sobrepeso u obesidad y que ahora lucen cuerpos delgados, se esconde una realidad médica compleja: estos tratamientos no son para todos, conllevan efectos secundarios y, sobre todo, no son una cura definitiva por sí solos.

Para muchos pacientes, la experiencia con estos tratamientos dista mucho de ser un camino sencillo. Sara, una mujer de 53 años que comenzó a subir de peso debido a problemas hormonales y la menopausia, compartió su difícil trayecto con medicamentos como Saxenda, Ozempic y Rybelsus.

Sara relató que fue con un bariatra y aunque inicialmente logró bajar 20 kilos con Saxenda, al inyectarse diariamente, el costo físico fue devastador: "Era una circunstancia de sentirme mal, de estar en la oficina con unas náuseas espantosas, con un hoyo en el estómago, si comía volvía el estómago". 

El malestar llegó a ser incapacitante en su vida diaria: "Llegaba yo a mi casa a dormir, a acostarme porque me sentía mal", y a pesar de eso, su médico le recomendaba subir la dosis e incluso le decía que debía hacerlo si quería estar como otros pacientes que estaban muy delgados. 

Un día, Sara comió sólo una lata de atún, la cual ni siquiera se terminó, pero su cuerpo no la resistió. Fue en ese momento cuando decidió que debía parar. En ese momento suspendió el uso del medicamento.

Meses después, acudió con otra doctora, pero aun cuando cambió a otros tratamientos como Ozempic o Rybelsus (de igual manera análogos del receptor GLP-1), Sara no sintió los beneficios esperados. 

"No es magia. A mí sí me hizo sentir mal físicamente, necesitas una dieta para poderte inyectar esos medicamentos", señaló. 

Finalmente, tras abandonar el tratamiento por el malestar y el alto costo económico, Sara experimentó el temido efecto rebote. "Sí, volví a subir lo mismo que bajé", lamentó.

Obesidad, una crisis de salud pública

La urgencia por encontrar soluciones eficaces nace de una estadística alarmante. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), las tasas de obesidad se han casi triplicado desde 1975 y han aumentado casi cinco veces en niños y adolescentes. Esta condición no es sólo un problema estético, sino un factor de riesgo mayor para enfermedades crónicas como la diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares, hipertensión y varios tipos de cáncer.

México enfrenta un panorama particularmente preocupante. Según los resultados de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut) 2020-2023, la prevalencia de obesidad en adultos es del 37%. El dato más alarmante es el crecimiento histórico: en los últimos 23 años, el mayor incremento de obesidad se dio en hombres adultos, aumentando en un 78%. Además, el 37% de los menores y el 40% de los adolescentes en el país ya viven con sobrepeso u obesidad, impulsados por un consumo de azúcares añadidos que representa el 22% de su ingesta total de energía, rebasando las recomendaciones de la OMS.

¿Cómo funcionan estos "nuevos" fármacos?

La doctora Alejandra Solís, especialista en nutrición clínica y apoyo metabólico, explicó que estos medicamentos funcionan mediante sustancias que son análogos de un receptor llamado GLP-1. Estos fármacos disminuyen el apetito a nivel del hipotálamo y reducen el movimiento intestinal, lo que genera una sensación de saciedad prolongada.

A pesar de su efectividad para reducir el peso, la doctora Solís es enfática al aclarar que estos fármacos no son una cura por sí solos. Para la especialista, el uso de estos tratamientos debe verse como una herramienta temporal y no como un sustituto de la disciplina personal: "Son medicamentos que no curan la obesidad, simplemente es un momento de oportunidad para que el paciente sienta que además la dieta y el ejercicio le funcionan".

Riesgos y reacciones adversas de los GLP-1 

La doctora Solís advirtió que los efectos adversos como náusea, vómito, estreñimiento o diarrea son "un efecto intrínseco del medicamento" y pueden ocurrir en cualquier paciente, independientemente de la dosis. Pero hay riesgos más profundos. El uso prolongado o sin supervisión adecuada puede llevar a la pérdida de masa muscular, deshidratación, deficiencias nutricionales y, en casos más raros, pero documentados, piedras en la vesícula o pancreatitis, o inflamación del pancreas.

Otro peligro latente es el uso de estos fármacos por personas que no cumplen con el perfil médico necesario. La doctora señaló que un paciente ideal debe tener obesidad y resistencia a la insulina documentada. 

"Un paciente que no lo necesita realmente no debería de arriesgarse por unos kilitos que puede bajar con dieta", afirmó la doctora. 

Además, advirtió sobre la aparición de un mercado negro y piratería de estos medicamentos, donde se venden sustancias sin control médico a través de redes sociales o tianguis, lo cual pone en grave riesgo la vida de los consumidores.

El uso de los GLP-1 es como la "libertad condicional"

Uno de los puntos más críticos que destacó la experta es la necesidad de un cambio de hábitos sostenido. La doctora Solís utilizó una analogía para describir estos tratamientos: "Son como si te dieran libertad condicional para que aprendas que tienes que portarte bien. Si no lo aprendiste, vas para atrás. Si no hay cambios de hábitos, todo regresa".

Por su parte, Sara coincidió en que la dependencia a un fármaco no es la solución a largo plazo, especialmente considerando el impacto financiero, ya que ella estimó haber gastado cerca de 50,000 pesos en tratamientos y consultas. 

"No yo no recomiendo esos medicamentos porque ni son magia, dejas de comer, pero como sientes un hoyo en el estómago, tienes que comer porque es como si tuvieras gastritis", expresó Sara.

Un enfoque integral contra la obesidad

La obesidad es un problema complejo que, según la OMS, tiene raíces genéticas, psicológicas, socioculturales y ambientales. Por ello, un tratamiento exitoso debe ser integral. La doctora Solís propuso cinco ejes fundamentales para recuperar la salud:

  • Regulación neuroendocrina: Controlar el estrés (cortisol) y dormir más de 6 horas.
  • Nutrición estructurada: Cálculos precisos de proteína y fibra para evitar la pérdida de músculo.
  • Ejercicio estratégico: No sólo activarse, sino tener una rutina adecuada para cada metabolismo.
  • Salud mental: Terapia cognitivo-conductual para manejar el "hambre emocional".
  • Higiene del sueño: El descanso regula las señales de saciedad en el cerebro.

Señaló que en la actualidad vivimos una "era terapéutica maravillosa" con herramientas que antes no existían, pero el mensaje para la población debe ser de cautela. Los nuevos tratamientos para la obesidad pueden ofrecer una oportunidad de oro para quienes tienen complicaciones metabólicas graves, pero no son una solución mágica, no son baratos y no están exentos de riesgos.

Como bien enfatizó Sara desde su experiencia: "Al final el hábito de comer, el hábito de hacer ejercicio no se te va a quedar con ningún medicamento". La verdadera transformación no viene en una pluma precargada, sino en el acompañamiento médico profesional y el compromiso diario con un estilo de vida saludable.